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jueves, 17 de marzo de 2011

Un libro para no perder las raíces

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Hay gripes de esas que se anuncian con simples molestias en la garganta para seguir con insoportables escalofríos, dolores en todo el cuerpo y tres días en cama sin querer saber del mundo. Así estuve una semana, lo que duran las gripes con o sin medicamentos...

Pero esta vez me recuperé muy pronto, o al menos me pareció que la semana pasó más rápido de la cuenta. Por dos razones.

La primera: las tabletas del antibiótico que me recetó la doctora son de las mejores que he tomado en mis cuatro décadas de vida. Después de tomar la segunda de ellas ya no sentía casi molestias de ninguna índole, sólo las del recuerdo: Cuba era a fiebre como las inyecciones eran a moretones en mis nalgas durante varias semanas...

La segunda de las razones: al tercer día comencé a leerme La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, y mira que lo intenté pero no pude dejar de leerlo hasta el final. De un tirón lo leí.

Qué buen libro me ha prestado mi amiga María, dedicado para ella por el mismísimo autor, en la primera página.

Una joya. Excelente novela. Qué gusto leerla. Con qué ansias quise, página por página, leer la próxima. Lástima que se me hayan escurrido tan rápido las 518 de esta edición de Alfaguara, del 2000.

Es el segundo libro de Mario Vargas Llosa que me leo. Y la primera vez que, en su literatura, compruebo por qué está censurado en Cuba. ¿Una muestra? Esta lista de palabras no escogidas al azar: Patria, dictadura, dictador, estadista, temerario, militares, torturadores, Generalísimo, Partido, negocios, hostigamiento, curas, conspiradores, hijos descarriados, actividades subversivas, policías, traidor, detenidos, presos, muerte, coño.

Mi segundo libro de Vargas Llosa ha sido todo un éxito. Concuerdo 100% con la última cita de la contraportada: "Un libro para no perder las raíces. Una novela que ya es historia".

Ojalá que para cada gripe tenga uno así, para no perder mis raíces...


[El primer libro de Mario Vargas Llosa que me leí fue su novela Travesuras de la niña mala. El día que comencé a leerla, en octubre de 2010, escribí un post aquí en el blog. Me gustó, sólo eso.]
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sábado, 9 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa: hoy comienzo a leer un libro suyo

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Hoy comienzo a leer Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, en una novena reimpresión de la editorial Alfaguara.

Compré el libro hace algo más de un año por Amazon.com y dejé marcados allí, en mi perfil de compra, otros títulos suyos para hacerme de ellos más adelante. La selección de Travesuras de la niña mala no fue al azar: era hasta ese momento su última novela, escrita en el 2006, y por ahí quise empezar. Sí, no leyeron mal: no había leído nada antes de este escritor peruano-español del que tan poco, o mejor dicho, tanto, se habla en Cuba.

Horror... me vine a enterar de verdaderamente quién era Mario Vargas Llosa viviendo ya fuera de Cuba, después de 1999. Y no les niego que me causó confusión todo cuanto iba encontrando de él en Internet, en su entrada de Wikipedia o en su sitio Web oficial: no tenían nada que ver con lo que yo había leído u oído en Cuba sobre su persona, en pocas palabras, sobre "uno de los grandes enemigos de la Revolución, al servicio de la CIA y del imperio, escritor sin méritos y político frustrado."

Y es que eran esos calificativos del oficialismo cubano los que nada tenían que ver con Vargas Llosa, pero lamentablemente los únicos difundidos en el país donde nací, que por años me vendó los ojos en este y otros tantos temas más. No se crean, que a veces no puedo evitar momentos de profundo debate donde me pregunto a mí misma: ¿cuánto más me vendieron distorsionadamente, en función de los intereses de una dictadura que, desde sus comienzos, enterró o desterró todo intento de pensamiento paralelo?

Es por eso que me alegra infinitamente el saber que, en sus entrañas, se retuerce ese oficialismo que todavía tanto daño hace, con el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. "Señor Llosa", como oí hace dos días pronunciar a un locutor de televisión alemán cuando daba la noticia del Nobel en un desconocimiento germano, casi maniático ya, de nombrarnos a los latinos por nuestro segundo apellido pensando que todos en el mundo tienen uno solo, como ellos.

Pues, a pesar del tiempo que no tengo, de lo que se ha(n) visto afectado(s) también mi(s) blog(s), no demoro más mi primer paso en la literatura de Vargas Llosa, convencida de que será pronto una larga caminata en la misma, alejada de vergüenzas por no haberla emprendido antes.

[Nota: Hice una pausa mientras escribía este post para leer otro de un cubano, desde la isla: El Nobel Nuestro de Tantos Días, que les recomiendo no dejar de leer.]
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