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sábado, 4 de julio de 2009

Fiesta en el Kindergarten

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Hoy fue la fiesta de fin de curso en el Kindergarten de los niños. Para allá fuimos temprano, cada padre con algo de una lista apetitosa que se hizo a principios de semana. Nosotros debíamos llevar 15 panes. Fueron 17: la panadera nos puso 2 de más alegando que no habían salido muy grandes los panes esa mañana. Y yo que los veía enormes...

La actividad quedó muy linda. Bueno, ustedes saben cómo es eso cuando los padres se ponen chochos emocionados por la gran actuación de sus pequeños...


Todos los niños y las seños, o mejor dicho, "los seños", porque hay un hombre, o no, no me suena muy bien la conjugación así... ¿existe?... ya perdí el hilo... ¿por dónde iba?... ah, ya sé... que todos llevaban puesto un pullover con "Mariquitas" (o cotorritas), que es el nombre del grupo. Sí, ya sé que tampoco suena muy común que digamos eso de estar en el grupo de las mariquitas... al menos para los cubanos.


Los niños, como es de esperar, no estuvieron todo el tiempo parados como velitas: hubo quien bostezó, hubo quien se "registró" la nariz con insistencia, otros se arrascaron ciertas partes del cuerpo con la mayor inocencia, y la grande mía no se quedó fuera del potaje:


Los niños cantaron sus canciones de lo más contentos, les quedó muy bonito lo que venían preparando desde hace semanas. A los más grandes se les dieron regalos, pues ya comienzan en la escuela en unas semanas, y al final hubo aplausos, por supuesto. Después se abrió el buffet y yo no pude resistir la tentación de comerme un pan fresquito con margarina y confitura de fresas. Hmmmmmmmmm...



Al terminar la fiesta no fue tan fácil irse para la casa. A esa hora siempre los locos bajitos quieren hacer de las suyas menos dirigirse a la puerta de salida. Así que el coche siguió esperando un rato en el lugar donde lo habíamos dejado al llegar:


Fue un día lindo hasta ahora cayendo la tarde: ha empezado a llover con granizos y todo...
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domingo, 28 de junio de 2009

Rosado, ¿y qué?

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Sí, la que ven en la foto es una Barbie de mi hija. Le gusta mucho esa muñeca estilizada de cabello largo y vestido de princesa que, increíblemente, acaba de cumplir 50 años el pasado 9 de marzo. La niña adora a Barbie. Quiere ver siempre sus películas (las 3 que tiene en casa y las que anuncian por la TV) y casi se sabe de memoria los diálogos. Hasta las melodías y algunas letras de las canciones que canta Barbie se sabe también. Y su color preferido es el rosado. No sólo lo dice sino que es consecuente: prefiere vestirse de rosado. ¿Debo preocuparme por ello?

He escuchado y leído que hay padres que evitan que sus hijas vean películas de Barbie, esas de "finales felices" y temas "alejados" de la realidad. Es más, conozco a algunos. También hay otros que no quieren que sus hijas se vistan de rosado y hasta emiten opiniones desfavorables, delante de las niñas, para quitarles de la cabeza la "fatal" idea. Como los padres son los que compran en las tiendas, pues la tarea de no comprar Barbies, películas "rosa" o ropa rosada es bastante fácil de llevar a cabo. Y las niñas pueden escribir en una larga lista sus deseos de regalos para el cumpleaños o para Navidad que, al final del cuento, son los padres los que deciden qué comprar de allí o no. ¿Son los modelos que debo seguir?

Pues absolutamente: no. Si a mi hija le gusta la muñeca de cara preciosa ¿por qué yo debo cortarle esos sentimientos? No cuestan tres centavos, ¡eh!, pero ¿por qué no complacerla al menos una vez comprándole el juguete que tanto le gusta? No todos pueden pagar su precio, lo sé, pero ¿va a ser más feliz mi hija o estar mejor preparada para la vida si acompaño mi negativa de algún comentario fatalista o explicación que ni ella misma con 4 años va a entender? Y sobre el color rosado, tendrían que verle la cara que pone y la alegría con que escoge ella misma su ropa rosada, o sus adornos para el pelo... A mí no me gusta el color pero ¿no sería mejor que aprendiera a respetar desde ahora sus gustos propios y no a imponerle los míos?

Además, las películas de Barbie, así como otras para niños que también ve, enriquecen muchísimo su dominio del idioma Alemán y le proporcionan lo que los padres no podemos: un Alemán impecable, amplísimo en expresiones infantiles, acompañados de canciones también en ese idioma, que es el que rige su vida fuera de las paredes de la casa. No sólo eso, los buenos sentimientos, la cadencia al hablar, el amor hacia otros, así como lindísimas enseñanzas que saca ella misma de lo que ve, no son más que experiencias positivas para las que yo le doy completa libertad.

Creo que de esa manera respeto mejor su individualidad y sus gustos. Para nada significa que su fuerte y seguro carácter vaya a ser ficticio o superficial en un futuro. "¡Mami, no, yo quiero ver a Barbie, no me pongas otra cosa!", ya me dice... "Sí, ropa color rosado, ¿y qué?", ya dirá...
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jueves, 18 de diciembre de 2008

Los niños tienen cada ocurrencias...

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Así como ven en la foto llegó mi niña del Kindergarten el otro día. Y éste fue el diálogo:

- ¡Pero muchacha, ¿y ahí qué te pasó?!

- Mami, eso lo hizo una guasasa. Vino y me comió la media.

- ¡Tú no me digas! ¿Y por qué?

- No sé... entró por la ventana y me comió la media.

- ¿Y tú no te diste cuenta? ¡Qué clase de hueco le abrió!

- No, de pronto miré y vi mi rodilla... la guasasa me comió la media.

Así como lo leen. ¡Tenía una cara! Yo creo que tengo en casa a una futura actriz de cine... Y no la piensa mucho, por cierto: hoy le hacía un cuento de mis perritas en Cuba, que ladran para avisar cuando viene el vecino que tira el periódico, y de cómo mi mamá o mi papá les dan alguna golosina como recompensa, y me sale con ésta, muy seria:

- Mami, entonces cuando alguien toque la puerta de esta casa yo te voy a avisar para que me puedas dar caramelos a mí... o chocolates. ¿Eh, mami?

Yo me reí, claro.
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