lunes, 3 de diciembre de 2007

Alberente

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Cuando en diciembre del 78 mis padres se mudaron del Vedado a Santos Suárez, a mi hermano y a mí nos matricularon en la primaria Albert Einstein. Pero nadie le decía, ni le dice, Albert "Ainchtain", sino Alberente. Cuando más alto gritábamos los nombres de las escuelas era cuando íbamos todos los pioneros a alguna actividad. "Aguayo peste a cayo, si me pisas me desmayo!", gritábamos unos. "Alberente peste a diente, te mancharon el expediente!", gritaban otros.

Casi veinte años después vine a Berlín, por razones de trabajo. Caminando con una colega alemana por la famosa Unter den Linden me contaba ella del "Ainchtain Café" que habían abierto hace poco. Yo le comenté que no lo conocía. "Pero a Ainchtain sí lo conoces, no?", a lo que yo respondí dudosa "No, creo que no...". Poco faltó para que se desmayara ahí mismo: "Cómo no vas a conocer a Ainchtain!!".

Seguimos caminando y me enseñó el lugar. Fue entonces cuando leí "Einstein Café". "Claro que sí, ya sé quién es!!", le dije casi saltando. Ella no quedó muy convencida. Lo supe por la cara que puso. Habrá pensado, "Esta muchacha quiere venir a estudiar un doctorado y no sabe ni quién es Einstein!, qué horror! la Universidad en Cuba es un desastre!", o algo incluso peor.

Claro que todos conocemos al genio físico. Yo lo sigo recordando como Alberente, además.


Foto legendaria que enviara a sus amigos.


Pasaporte Suizo, 1923.
(Museo Histórico de Bern)

Hijo de judíos, Albert Einstein nació en Ulm el 14 de marzo de 1879. Interrumpió la escuela, sin haber terminado el 12 grado, e hizo las pruebas de ingreso para entrar en una universidad en Zurich, Suiza. Las suspendió. En la segunda convocatoria aprobó las pruebas. Terminó su carrera en el 1902. Tres años más tarde tenía en su haber tres trabajos, cual de los tres merecía desde ya un premio Nobel. En el tercero de ellos expuso lo cimientos de su mundialmente conocida Teoría de la Relatividad. Su famosa fórmula E = mc² dió pie a las teorías que más tarde desarrollaran la bomba atómica. En Berlín vivió 19 años, del 1914 al 1933. En el 1921 recibió Einstein el premio Nobel de Física por su trabajo. En el 33 tuvo que emigrar a USA huyendo de la Alemania fascista. Se dice que le aconsejó a Roosevelt, personalmente, la construcción de la bomba atómica, y aunque no formó parte del equipo que la desarrolló, vivió el resto de su vida lleno de remordimientos. Albert Einstein murió el 18 de abril de 1955 en Princeton, USA.
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sábado, 1 de diciembre de 2007

Hoy mi hija conoció a Papá Noel

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Yo no tuve nunca el gusto...

Si hubieran visto cómo lo miraba! Su larga barba, su aterciopelado gorro rojo, su libro ancho lleno de historias, su voz melódica invitando a los niños a adivinar acertijos.

Yo lo vine a conocer en fotos e imágenes, pero nunca de niña sino ya grande, sin imaginación para meterme en sus historias y pasear en su trineo con él repartiendo regalos...

Se sentó en sus piernas, lo escuchaba de cerca, le abría bien los ojos, no se le iba de al lado. Qué pasaría por su cabecita? Cuáles deseos querría pedirle?

Yo pensaba mucho en el día de los juguetes, en si me tocaría básico, no básico o dirigido. Y siempre me preguntaba quién hacía el sorteo, quién sacaba el papelito que tenía el número mágico del día en que me tocaba comprar. El sexto día? Ya no quedará nada!

Le pregunté a mi niña qué quería de regalo y me dijo: "Chocolates, mamá!".

Yo aun me acuerdo del sabor de las africanas, de los bombones de cajita, de las puntillitas, de los huevitos, de los famosos peters...
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martes, 27 de noviembre de 2007

La Oficina de Extranjería

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La Oficina de Extranjería es el último lugar del mundo que deseo visitar. Sin embargo, he tenido que ir por ella al menos una vez al año. Incluso para profesionales altamente calificados (como creo que soy con un doctorado en ciencias en el bolsillo, estudiado en este país) es una angustia poner un pie allí. La media hora que demora el empleado de turno en hacerle a una las preguntas esperadas y las no esperadas, en revisar los papeles y en acuñar finalmente el tipo de Visa que considere adecuado, es la media hora más larga e incómoda que una pueda imaginar. Me deprimo mucho cuando voy.

En esa oficina impera la filosofía del no. Muy rara vez le responden a una alguna pregunta cortésmente. Sonrisas allí no tienen nada que buscar. “No es no. Averígüelo en otra parte. Aquí no estamos para aclarar dudas”. Así me dijeron una vez, en voz alta además... pensarían que como no hablaba bien el Alemán pues que era sorda o algo por el estilo. “Yo oigo bien, señor, lo que sucede es que no hablo su Alemán como usted”, me dieron ganas de decirle, pero bueno, mi Alemán no llegaba a tanto en aquel entonces.

Hoy tuve algo de suerte pues nos trataron muy bien, o mejor dicho, no nos trataron mal. Me sentí persona. Además, las paredes estaban acabadas de pintar, algo que de verdad me extrañó después de tantos años.

Por más que lo intento no puedo desarraigar la repulsión a tener que ir a extender mi Visa.
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lunes, 26 de noviembre de 2007

El otoño

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El otoño es precioso en estas latitudes. Los cálidos tonos cromáticos de las hojas de los árboles invitan a tirar fotos a toda hora. Qué hermoso el sendero que hace camino a donde vivo. Qué bello se ve el patio interior de mi edificio desde las ventanas que dan al este de Berlín.

Con la llegada del invierno las hojitas empiezan a caer silenciosa, lentamente, dibujando arabescos, pirouettes y pas de deux en su descenso. Las aceras se colorean de naranja, rojo, amarillo, y los niños juegan a coleccionar semillitas y hojas diversas.

A veces llueve, a veces hay ventiscas, a veces hace frío, a veces todo está en calma, a veces el día es tremendamente hermoso.

En Cuba no hay otoños así tan coloridos. Yo extraño no obstante el verde-rojo constante de los marpacíficos del jardín. Ya me olvidé de la forma de las hojas. Los pinochitos en la nariz siguen siendo un dulce recuerdo infantil.
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Los bichos

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Cómo extraño los bichos... Las cucarachas no, vale la aclaración.

En Cuba nunca les presté mucha atención. Siempre vivieron en algún hueco, árbol o rincón y con frecuencia eran despojados de sus nidos para comodidad nuestra.

Cuando chiquita cazaba yo misma las lagartijas. Mi hermano hasta se las colgaba de las orejas. A las hormigas las observé con mucha paciencia. Cuidado con las mariquitas, que se te meten en los oídos!

Ahora los extraño a todos. Por el clima frío donde vivo ya no los veo a menudo. Es un lujo tener un bicho de esos en casa. Lagartijas? Esas cuestan 25 Euros en la tienda de animales más cercana!

Mi hija brinca de alegría cuando ve una arañita. Saluda todos los días la de la esquinita en el techo. Qué horror!, tener una telaraña en casa para que ella conozca los bichos! No me dí cuenta de que se estaban desarraigando lentamente de mi memoria hasta que empecé a extrañarlos.
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