viernes, 7 de diciembre de 2007

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Estos hermosos ejemplares se dan en el patio de mi casa en Cuba. La foto tiene casi tres años pero mi papá los sigue cultivando igual. No llegan a siete las matas que tiene, creo. Los plátanos son exquisitos, dulcísimos.

Mi papá dice que las manos de plátanos siempre tienen una cantidad impar de los mismos. Yo siempre los contaba y era verdad, o por lo menos nunca me encontré una con un número par de plátanos.

Los de Berlín no saben igual. Los hay el año entero pero al importarlos desde tan lejos y tan verdes, además, no llegan a "hacerse" como debieran. Cómo extraño los míos.
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