viernes, 7 de diciembre de 2007

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Estos hermosos ejemplares se dan en el patio de mi casa en Cuba. La foto tiene casi tres años pero mi papá los sigue cultivando igual. No llegan a siete las matas que tiene, creo. Los plátanos son exquisitos, dulcísimos.

Mi papá dice que las manos de plátanos siempre tienen una cantidad impar de los mismos. Yo siempre los contaba y era verdad, o por lo menos nunca me encontré una con un número par de plátanos.

Los de Berlín no saben igual. Los hay el año entero pero al importarlos desde tan lejos y tan verdes, además, no llegan a "hacerse" como debieran. Cómo extraño los míos.
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2 comentarios:

Al Godar dijo...

Los platanos me recuerdan el hambre.
En algun momento sirvieron para apaciguar aquella hambre cronica que sufri a fines de los 80s y principios de los 90s.
Cuando tenga animos y tiempo voy a escribir algo sobre los platanos.
Muy bueno tu post!

Aguaya Berlin dijo...

A mí también me recuerdan que había días donde sólo teníamos agua con azúcar prieta de desayuno. Y a veces llena de basuritas, lo que le daba un color raro al agua, además de ponerla turbia. Aleluya los plátanos que nos sacaban de un apuro casi siempre!!