
La reunión familiar en Navidad, pensándolo bien, no la extraño en absoluto. En Cuba no teníamos esa tradición. Muchos como yo que nacieron después del 59 no vieron un arbolito de Navidad sino con tres décadas de edad, o más, a cuestas. Eso sí, extraño a la familia cuando sé que en estos días todas las familias alemanas se reúnen para festejar... pero la fiesta como tal no la añoro porque nunca la tuve.
En casa sí nos reuníamos todos el 31 de diciembre y esperábamos así juntos el año nuevo. Comíamos algo especialmente elaborado para la ocasión. No se me olvida un pargo gradísimo que fue el plato fuerte una de las veces, asado en el horno con todo lo que encontramos. Casi ni cabía en la bandeja. Para nosotros, muchachos entonces, era un día muy esperado y muy divertido. Aguantábamos como podíamos hasta las 12 de la noche...
Los 31 de diciembre son diferentes en Berlín. Cuando aquí se festeja el advenimiento del nuevo año, en Cuba todavía están preparando condiciones para la comida. A esa hora llamamos por teléfono emocionados con las palabras de los locutores alemanes y alterados "positivamente" con los ruidos ensordecedores de los fuegos artificiales, bombitas, petardos y cuanto efecto pirotécnico hayan comprado los alemanes del barrio (cada año esta gente se gasta más de 100 millones de Euros para hacer ruido!) pero del otro lado del Atlántico todavía no están contagiados con esas emociones debido al cambio de hora.
La ciudad festeja, toda iluminada y adornada nos invita a caminarla, sobre todo de noche. En mi casa poco a poco vamos intentando arraigar en nuestros dos niños pequeños los sentimientos tan bonitos que generan estas fiestas, incluyendo la noche del 24, tratando primero de entender y después de aprender de una tradición que nos estuvo vedada cuando más pudimos disfrutar de ella.
Feliz Navidad para todos, donde quiera que estén!!!