jueves, 28 de enero de 2010
Una moneda tiene dos caras. Un intercambio, también.
Nuevamente es noticia en los blogs y redes sociales donde el tema cubano se debate, la próxima actuación de una agrupación musical del patio en la capital cubana fuera de la isla, Miami. Aclaro: noticia en aquellos espacios donde el ámbito cubano interesa, que no en la mayor red social blogger hispana, Bitacoras.com. Allí por lo general suenan otras muy disímiles campanas.
El hecho es que, una vez más (y cuándo no) las opiniones más encontradas y dispares no pueden estar. Uno quiere bailar y ya. A otra no le gusta la salsa. Otro desestima que músicos que vivan en Cuba y apoyen a su gobierno canten en Miami. Otra lo celebra y no quiere mezclar cultura con política. Y así, cada cual analiza el asunto al estilo del ajiaco más condimentado de toda la cocina tropical.
No pretendo aquí echar más castañas al fuego. Cada cual que se forme la opinión que crea, que compre o no las entradas a los conciertos que crea y que interprete como estime lo que escriben/dicen los demás. Yo, por ejemplo, no estoy de acuerdo con que el nuevo debate en torno a la orquesta cubana de salsa Los Van Van y sus previstas actuaciones en los Estados Unidos, sea un tema "generacional" ni mucho menos. Como escribí en Facebook hace un rato, nací con Los Van Van, crecí con ellos y bailé todos sus hits mientras viví en Cuba, sin embargo no llegábamos al 50% ni en mi aula de la escuela, ni de la secundaria, ni del preuniversitario, ni de la universidad, ni en el trabajo después, los que disfrutábamos de su música. Así que, si me preguntan, diría que no, que Los Van Van no representan a mi generación ni la discusión por su visita a USA tampoco tiene que ver con edades.
Ahora, una moneda tiene dos caras. Un "intercambio", también. Yo me aventuro a "echarle" la culpa a las no muy felices definiciones que se han usado de un tiempo acá. Intercambio es tú me das y yo te doy. Tiene dos contrapartes y debe ser "justo" en alguna medida, para las dos partes. Otra cosa es empujar a la cañona una opinión o una posición o querer que una parte piense y actúe como espera la otra, cuando la otra no piensa ni actúa como espera la primera. Llámenle otra cosa pero intercambio, no.
Señores y señoras, papaítos y abuelitos, que baile el que quiera, pero que no pretenda que todos desencajemos las caderas a su ritmo o se ponga bravo cuando queramos bajar el volumen o apagar el radio cuando nos pone la música que no nos gusta, o sus artistas, en la puerta de nuestra casa. O, para que sea intercambio de verdad, nos deje también a nosotros tocar allí donde vive, el ritmo que nos guste a nosotros.
Lo escribo en sentido general, de hecho no tengo el don de hacer ni de tocar música, pero sí me encanta oírla y me gustaría, por ejemplo, oir cantar a Gloria Estefan o a Willy Chirino en cualquier punto de la mayor de las Antillas. Ahí cantaría otro gallo.
Más sobre el tema:
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