martes, 4 de marzo de 2008

¿Qué tal te fue en Cuba?

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Así le pregunté hoy a una colega que acababa de regresar de mi país. Su primera respuesta: una mueca en la cara, como preguntándose ella misma "¿por dónde empiezo?".

Me contó que ésta no es la primera vez que va a Cuba. Que fue en el 95 y que la situación estaba muy mala aquella vez. Que repitió en el 2002, por cuestiones de trabajo también y que notó que había cierta mejoría, pero no para todo el mundo. Que en el 2008 ve las cosas igual, sin cambios. Que en la calle la gente no tiene muchas esperanzas de que cambie algo en el país. Que vió mucha miseria y que esta vez le llamó la atención que mucha gente pidiera limosnas para comprarse un jabón de baño. Que ella y su amiga quisieron caminar calles "vedadas para turistas" y que cuando preguntaban por direcciones los mismos cubanos les indicaban pero al mismo tiempo les aconsejaban que evitaran esos lugares. Que ellas insistieron, que no tenían miedo a que les pasara nada sino a coger algún piojo o alguna infección en la piel, porque caminaron por calles muy sucias. Que los cubanos "ricos" los diferenciaban enseguida: esos iban bien vestidos, visitaban las cafeterías y restaurantes, todos con CUCs de sobra (moneda convertible de Cuba, simulando al dólar estadounidense), paseando, comiendo, viviendo. Que ellas tenían CUCs pero que muchos no y que les apenaba la situación de la gran mayoría. Que vieron muchos negocios nuevos (para consumidores con CUCs, por supuesto), que el transporte local ha mejorado (vieron muchas guaguas que en el 2002 ni existían). Que encontraron los precios en los servicios, mercados, hoteles, extremadamente caros, aun con CUCs. Que no se corresponde el poder adquisitivo de cualquier cubano con el de ella y su amiga, que son secretarias en Alemania. Que lo que tenían que pagar por tomarse una Coca-Cola en cualquier esquina (con CUCs, se sobreentiende) era exorbitante. Que en los agromercados "para cubanos" había lo mismo de siempre: algunas frutas, un poco de carne de cerdo y pollos, nada más. Que fueron a Cienfuegos en un auto para turistas que alquilaron y que iban con miedo de volcarse por la cantidad de baches que había en las calles, sobre todo en la autopista. Que la ciudad de Cienfuegos era muy bonita y que estaba muy limpia. Que fueron a Viñales y que les gustó el paisaje. Que no cree, ni ella ni la amiga ni los cubanos que conocieron y que conocían de antes, que cambien las cosas como todos desean. Que esperanzas no tiene casi ninguno.

Eso fue lo que me contó. Yo seguí para mi oficina y no logré concentrarme en el trabajo por el cual me pagan y con el cual puedo comprar una Coca-Cola en La Locomotora de Europa pagando por ella menos de una milésima de lo que gano mensualmente, en un puesto que bien pudiera desempeñar cualquiera de mis colegas que aun viven en Cuba, muy pocos ya, por cierto...

[Veré como convenzo a la alemana para que me preste algunas de las fotos que tiró en Cuba. Ya me las enseñó. Hay algunas muy buenas]
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Historias de Tania - Capítulo VII

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(VII)


[No apto para menores de edad]

Ojos bellos se quitó los zapatos descalzando cada uno con el pie contrario y se acomodó mejor en la cama, más pegado a Tania esta vez. Flexionó la pierna derecha y apoyó el brazo en la rodilla, dejando el antebrazo suspendido en el aire. Con el brazo izquierdo apoyado en la cama descansaba el torso. Tania juntó sus rodillas , pegó los gemelos a sus muslos e igualmente apoyó una mano en la cama, buscando equilibrio. En esa posición solía jugar yaquis cuando niña. En su aula no había quien le ganara. Hasta con la zurda tiraba la pelota al aire y la volvía a agarrar con la destreza de una campeona. Con el tiempo se le habían perdido varios yaquis y la pelota roja había sido toda mordisqueada por su perra Motica.

–¿Cómo te llamas? –preguntó Ojos Bellos rompiendo el silencio.

“¡Al fin! ¡Yo pensé que iba a seguir de incógnita!”, pensó Tania.

–Tania.

–Tania, ¿cuándo me vas a dar un beso? –susurró Ojos Bellos sin apartar la vista de los labios carnosos de Tania.

–¿Uno solo? –le siguió la rima ella, en un murmullo.

Tania volvió a recordar los plátanos maduros fritos: uno en el tenedor, a punto de tocarlo con la lengua, haciéndole segregar pequeñas gotas de saliva. Ojos Bellos se mordió el labio inferior por un lado, escrutando al mismo tiempo la mirada de Tania. Ella se acercó a Ojos Bellos e iba a decirle algo pegada a su oído pero prefirió callarse: su respiración la delataba. Ojos Bellos cogió una mano de Tania y la besó delicadamente, como en las películas los caballeros medievales besan a sus preciadas damas. Tania miró de reojo la armadura. Después siguió Ojos Bellos por la muñeca, por el antebrazo y más arriba hasta llegar al hombro y el cuello, todos los besos cargados de una sensualidad perfecta. Tania estaba a punto de explotar. Su excitación interior no se correspondía con su aplomo externo. Ojos Bellos lo había notado ya. Tania no era una experta pero tampoco era una neófita en temas amorosos. Los labios de Ojos Bellos llegaron a los suyos y los besaron en una esquina, lentamente. Tania ardía.

Era de esperar: ella no podía aguantarse más. Empujó a Ojos Bellos por los hombros hasta que la espalda del muchacho tocó la cama. Se le sentó encima, a horcajadas, y empezó a desabotonarle la camisa. Ojos Bellos quiso ayudarla pero Tania no lo dejó. Le aguantó los brazos y los subió por encima de su cabeza, recostándolos hacia atrás en la cama. De haber tenido unas esposas de policía lo hubiera amarrado de alguna manera a la armadura, pues quedaba en esa dirección. Ojos Bellos obedeció y se dejó hacer. “Qué axilas tan sensuales”, pensó Tania.

Tania se desabotonó los cuatro botones delanteros de su vestido naranja claro y dejó el torso al descubierto. Se zafó el ajustador y lo tiró a un lado. Con un par de movimientos logró sacar una pierna del blúmer. Abrió la portañuela del pantalón de Ojos Bellos y buscó ella misma el miembro erecto que la esperaba impaciente para guiarlo hacia sus entrañas y cabalgar, con ritmo apresurado, cual amazona desenfrenada sobre él. Tania sujetaba los brazos de Ojos Bellos, apoyándose en ellos al ritmo del galope y dejando claro que era ella quien le hacía el amor a él, quien lo poseía, quien se excitaba de tenerlo así, reducido a su dominio. Ojos Bellos no se excitaba menos con aquella hembra encima soltando gemidos continuamente, con los ojos cerrados, en éxtasis total. Hasta que ella chilló y se desplomó hacia atrás como títere que pierde su conexión con el mundo cuando le cortan los hilos.

Ojos Bellos reaccionó al instante. Se separó de Tania, la viró boca abajo y se quitó el pantalón que ya estaba abierto. Tania todavía seguía recuperándose del orgasmo mágico que nunca antes había ni siquiera imaginado. Los minutos que se sucedieron fueron crueles para Tania: Ojos Bellos le separó las piernas con sus rodillas, se apoyó con una mano en la espalda de Tania, sujetándola bien, y con la otra guió su miembro hasta el ano de ella, penetrándolo violentamente e impidiendo con toda la fuerza de su cuerpo los movimientos evasivos de la sorprendida muchacha, quien buscaba con sus brazos cómo cambiar la posición de su sudado cuerpo, asiéndose del de Ojos Bellos, que la lastimaba.

–¡No me toques! –le ordenó Ojos Bellos a Tania como mismo había coaccionado a los perros al entrar a la casa.

Tania no podía moverse. Trató nuevamente de acomodar su posición aguantando a Ojos Bellos por los muslos.

–¡Que no me toques te digo! –gritó Ojos Bellos, amenazante.

Tania pensó en las dagas de oro que estaban bajo el colchón y en lo errado que podría ser llevarle la contraria a Violento. Él continuó su meneo salvaje hasta eyacular. Después se separó bruscamente de Tania y se fue para el baño. Tania no sabía qué pensar ni qué hacer. Tras unos prolongados segundos decidió limpiarse con parte de la sábana y comenzó a vestirse.

–A dos cuadras empieza la ruta 174 –dijo Violento saliendo del baño, secándose sus partes con una toalla y mirando el reloj de la mesita de noche–. Son las cuatro y media. Si te apuras te podrás ir en la guagua de las cinco. Hoy es sábado así que la parada estará vacía, probablemente sólo para ti.

Tania no dijo nada. Terminó de vestirse. Violento abrió la puerta y se paró al lado de los dobermans que dormían en el pasillo. Tania salió de la casa y se alejó en dirección a la parada, sin mirar atrás, rebobinando las últimas escenas que había vivido.

La guagua llegó rápido y Tania fue la única en subir. Durante el viaje no dejó de mirar por la ventanilla a su derecha.
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domingo, 2 de marzo de 2008

Veronika decide morir

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Veronika decide morir, Paulo Coelho
1ra Edición Rayo, 2001


Un libro digno de ser leído. Linda historia. Veronika decide morir cumple 10 años de publicado en el 2008. Y me ha dejado pensando en muchas cosas...

Cuando su vida era una eterna rutina, sin cambios, sin emociones, llena de conformidades y angustias, Veronika decidió que debía morir e intentó suicidarse. Despertó en un manicomio. Allí transcurre la mayor parte del relato. ¿Son realmente más cuerdos los que están afuera? ¿Son más libres los que viven adentro? Hay quienes no quieren entrar... hay quienes no quieren salir...

Este es el segundo libro de Coelho que me leo. El primero fue El alquimista. Sé que habrá un tercero,un cuarto, un quinto... los tengo en el librero esperando en la cola. Estoy convencida de que Coelho llegó para quedarse.

[Este post lo reproduciré en el blog El libro itinerante, un espacio literario para comentar sobre libros leídos y por leer.]
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Habana: calles, barrios y lugares

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Hoy les traigo fotos del Edificio Poey, Universidad de La Habana (actual Facultad de Matemáticas y Ciencias de la Computación)


[Fotos cortesía de Aleli]
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sábado, 1 de marzo de 2008

Falleció Sergio Corrieri

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En el día de ayer, 29 de Febrero, falleció Sergio Corrieri, uno de los grandes actores cubanos. Mañana 2 de Marzo cumpliría 70 años.

A mí me marcaron mucho sus actuaciones en Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, en El hombre de Maisinicú, de Manolo Pérez, y en la serie televisiva En silencio ha tenido que ser.

Memorias del subdesarrollo la tengo en casa y a cada rato la veo por n-ésima vez. Esta película de Gutiérrez Alea está considerada entre las cien mejores de la historia del cine y entre las diez mejores películas hispanas del último siglo.
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