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Hay presillas que son difíciles de quitar. Las ya oxidadas que agrupan muchas hojas juntas, son las peores. Así me pasa a mí, a veces, con ciertas cosas que quiero escribir, que quiero decir, que quiero hacer, y que no debo. Pesa mucho la familia que aun vive en Cuba. ¿O será el miedo de siempre que no lo acabo de desarraigar? Tantas presillas oxidadas que tenemos aun...