jueves, 24 de enero de 2008

Historias de Tania - Capítulo II

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(II)


A la semana de haberle devuelto la bicicleta a su amiga Olguita y de haberse iniciado en el arte de pedir botella para ir al trabajo y para regresar de éste, Tania intentaba definirse a sí misma como una aprendiz talentosa. Había pensado seriamente en la singular idea de escribir un tratado sobre el uso efectivo de las redes de transporte urbano privada y estatal. Aun carecía de la madurez suficiente en el ramo pero ya, con tan solo una semana de excepcional experiencia, había podido llegar a ciertas conclusiones.

La primera regla de oro saltaba a la vista como teorema irrefutable: las mujeres no dan botella a las mujeres más jóvenes que ellas. Tania no solo había comprobado personalmente la veracidad de tan incisiva afirmación sino que había visto cómo su aplicación se extendía también a otras muchachas como ella. ¿La frescura de la juventud contraponiéndose a la envidia de las ya entraditas en años? Quizá, tal vez, muy probable que así fuera... Sólo en una ocasión se le adelantó una señora mayor y le preguntó a la fémina que manejaba un Fiat blanco si podía llevarla, subiendo al auto segundos después. Tania no perdió tiempo y preguntó también a través de la ventanilla.

–Buenos días, ¿usted pasa por la Ciudad Deportiva? –coordenada irremediablemente ubicada en la dirección que indicaba la defensa delantera del auto.

–No –fue la tajante respuesta seguida de un acelerón con el cambio de luz del semáforo y acompañada además de un gesto cargado de desprecio.

–¡Qué pesada! –atinó a susurrar Tania mientras el auto se alejaba velozmente–. No importa, otro me llevará...

Regla de oro número dos: cuando preguntes, muestra decisión, firmeza, seguridad y clase pero no olvides ser agresiva. Y si te dan el bate, ignorar es lo más sensato. Pocos minutos después Tania comentaba el incidente con un hombre muy bien vestido y con olor a una colonia extravagante, que seguramente se había echado como catchup a las papas, quien la dejara montar a su lado para llevarla.

–Ah, las mujeres son así cuando ven a una muchacha bonita como tú –dijo el hombre mirando las piernas que Tania exhibía inconscientemente–. Tienes unas rodillas hermosas. Eres delgada pero el hueso de la rodilla sobresale sensualmente.

–Gracias –respondió Tania ruborizada.

–¿Y qué hace una muchacha como tú pidiendo botella? –siguió interrogando el hombre–. Si yo tuviera una novia así, la llevaba todos los días a donde me pidiera.

Tania ya empezaba a molestarse con el tono meloso e insistente de El Policía, porque otra cosa no podía ser con el interrogatorio que le estaba haciendo, a ráfaga pura.

–Es verdad, chica, tus rodillas son muy bonitas –siguió El Policía. “Y dale con las rodillas... cuidadito... se mira y no se toca”, pensaba Tania–. ¿Tú tienes teléfono?

–No, no tengo –respondió Tania arqueando las cejas y encogiéndose de hombros.

–Mentirosa, a mí tú no me engañas –atacó nuevamente El Policía arrastrando la o de la palabra mentirosa.

–Sí, es verdad, ojalá tuviera uno, pero es que después que me fajé con la hija de la vecina de los altos y le rompí la vitrina de la casa, no me han dejado entrar más allí. Yo usaba el teléfono de ellas. Total, para lo feo y sucio que estaba... –contraatacó Tania resuelta.

Claro que la justificación era falsa pero había dado en el clavo: El Policía no preguntó más, de hecho ni habló en el pedazo del trayecto que quedaba hasta llegar a la Plaza, donde le había comentado a Tania que podía dejarla. Tercera regla de oro: nunca des tu teléfono a un desconocido. Tania se sintió algo incómoda porque le estaban haciendo un favor y no quería ser descortés ni mal educada, pero no se imaginaba continuar siendo interrogada sin tener que llevarse las manos a la nariz para evitar el olor de la colonia de El Policía. Y no podía mandarlo a bañar, eso estaba claro, así que decir no cuando realmente quería decir no, era la mejor opción.

Al bajarse del auto se paró en el semáforo de Paseo y Boyeros. Su trabajo le quedaba a unos escasos 600 metros pero era temprano, así que podía esperar a ver si alguien la adelantaba un poquito más. Al poco rato paró delante de ella un auto de la escuela de automovilismo. El chofer, un joven de ojos preciosos, le hizo una mueca a Tania como diciéndole “Yo te llevara pero el profe seguro me suspende”.

–Qué lástima –dijo Tania bajito pero por el movimiento de los labios el muchacho pudo entender fácilmente su comentario. Esperó entonces la nueva ola de choferes y esta vez tuvo más suerte. Llegó al trabajo enseguida.

Al día siguiente hizo el mismo recorrido, hasta la Plaza. Miró a lo lejos y creyó reconocer al auto que se aproximaba. Al llegar junto a ella el muchacho dijo entre risas:

–¿Pero muchacha, todavía tú estás ahí? ¡Profe, déjeme llevarla!

–Bueno... está bien. Monta rápido –dijo el profe dirigiéndose a Tania.

Mucho tiempo para conversar no tenían pues Tania debía bajarse casi inmediatamente, pero esos pocos minutos le sirvieron para fijarse mejor en la cara del muchacho desde el asiento trasero, a través del retrovisor. Sus ojos, qué ojos, no necesitaban hablar mucho. Además, ella no quería desviar su atención, capaz que chocara... ¡A ella nada más se le ocurría coger botella con un pupilo de automovilismo! El auto paró, Tania abrió la puerta y les dijo a ambos, al profe y a Ojos Bellos:

–Profe, no lo lleve recio. Muchas gracias a los dos.

–¿Tú tienes teléfono? –fue la respuesta-pregunta de Ojos Bellos.

Corrección a la regla de oro anterior: no des tu teléfono a un desconocido a menos que quieras conocerlo. Por la tarde, al llegar a su casa, Tania no hizo más que esperar a que el teléfono acabara de sonar.
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6 comentarios:

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

jajaja, muy buena historia agua.
sobre todo con eso de la excepción de la regla.

saludos. t

Aguaya Berlin dijo...

las reglas sin excepción son difíciles de encontrar, verdad??
;)

General Electric dijo...

me encantan Tania, sus reglas y sus desarreglos. Te confieso que me hizo pensar en una versión criolla de Bridget Jones ¿has visto las películas? No lo digo como crítica. De hecho ese personaje me gusta mucho, sobre todo en la primera parte.

Has echado a caminar un personaje que puede llegar a moverse por sí mismo; sin que tú siquiera necesites empujarlo. Estaré al tanto :o)

Aguaya Berlin dijo...

Frigi, no he visto las películas... :(
A partir de ahora Tania no camina mucho... pero bueno, las ruedas de los autos... y su vida :)))

Ivis dijo...

Oye, esto se está poniendo bueno.
Un saludo, te sigo.

Betty dijo...

qué buenas las peripecias de Tania (vistazo al arte la botella;-)) Me pongo al día con la primera entrega y sigo...