domingo, 23 de marzo de 2008

En menos de cinco años...

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Reproduzco aquí, con el permiso de Los Miquis de Miami, el post En cinco años... Yo no fumo y me quedan menos de cindo años para aspirar a una nacionalidad diferente a la cubana, pero no pienso muy diferente. Es muy duro leer lo que los Miquis escribieron. Yo no lo hubiera resumido mejor. Es triste pensar así del país donde una nació y creció. Triste también que yo no sea la única sino una más entre cientos de cubanos regados por el mundo...

Un amigo bien informado me asegura que no falta mucho para que los exiliados entremos libremente a Cuba y hasta invertir allí nuestro dinero. Yo le respeto su optimismo, pero no me importa. Ni siquiera si Ricardo Alarcón intenta ahora congraciarse con nosotros cuando culpa a la CIA de fomentar una “emigración traidora”. Quiero convertirme en un verdadero ciudadano americano. Asumirme y vivir como tal, que es también simplificar la imagen de la Isla en un delicioso habano. Para qué sentirme cubano si:

Desde niño me dijeron que comprar pirulí a un privado y leer al Pato Donalds eran diversionismo ideológico.

Mientras me inculcaba que debía agradecer la educación gratis, tenía que escardar, con mis manos de solo 12 años, la hierba de interminables surcos en aquella etapa de becado que se extendió por seis años.

Me enseñaron a ser una especie de oportunista para poder sobrevivir y ascender profesionalmente, pero no cuanto valía mi fuerza de trabajo ni como negociar un aumento de salario.

Tuve que aprender obligatoriamente el valor de la mentira para poder lograr algunos de mis objetivos, incluso hasta el de salir de Cuba. Mentirle a colegas de trabajo, amigos que me tendieron la mano, a la familia que esperaba mi regreso.

Me sembraron el miedo al que dirán, la desconfianza en el otro, el fantasma de los segurosos vigilándolo todo, el temor al fracaso si te sacaban de una escuela o de un trabajo, al riesgo a lo desconocido.


Prefiero no serlo, aunque haya nacido y vivido allá. Tampoco es lo que quiero para mis hijos. Mi amigo, optimista siempre, me dice que en unos cinco años muchos estaremos de vuelta al terruño, ya diferente. Yo miro a otro lado: es el mismo tiempo que me queda para convertirme en ciudadano americano.
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