
Así le pregunté hoy a una colega que acababa de regresar de mi país. Su primera respuesta: una mueca en la cara, como preguntándose ella misma "¿por dónde empiezo?".
Me contó que ésta no es la primera vez que va a Cuba. Que fue en el 95 y que la situación estaba muy mala aquella vez. Que repitió en el 2002, por cuestiones de trabajo también y que notó que había cierta mejoría, pero no para todo el mundo. Que en el 2008 ve las cosas igual, sin cambios. Que en la calle la gente no tiene muchas esperanzas de que cambie algo en el país. Que vió mucha miseria y que esta vez le llamó la atención que mucha gente pidiera limosnas para comprarse un jabón de baño. Que ella y su amiga quisieron caminar calles "vedadas para turistas" y que cuando preguntaban por direcciones los mismos cubanos les indicaban pero al mismo tiempo les aconsejaban que evitaran esos lugares. Que ellas insistieron, que no tenían miedo a que les pasara nada sino a coger algún piojo o alguna infección en la piel, porque caminaron por calles muy sucias. Que los cubanos "ricos" los diferenciaban enseguida: esos iban bien vestidos, visitaban las cafeterías y restaurantes, todos con CUCs de sobra (moneda convertible de Cuba, simulando al dólar estadounidense), paseando, comiendo, viviendo. Que ellas tenían CUCs pero que muchos no y que les apenaba la situación de la gran mayoría. Que vieron muchos negocios nuevos (para consumidores con CUCs, por supuesto), que el transporte local ha mejorado (vieron muchas guaguas que en el 2002 ni existían). Que encontraron los precios en los servicios, mercados, hoteles, extremadamente caros, aun con CUCs. Que no se corresponde el poder adquisitivo de cualquier cubano con el de ella y su amiga, que son secretarias en Alemania. Que lo que tenían que pagar por tomarse una Coca-Cola en cualquier esquina (con CUCs, se sobreentiende) era exorbitante. Que en los agromercados "para cubanos" había lo mismo de siempre: algunas frutas, un poco de carne de cerdo y pollos, nada más. Que fueron a Cienfuegos en un auto para turistas que alquilaron y que iban con miedo de volcarse por la cantidad de baches que había en las calles, sobre todo en la autopista. Que la ciudad de Cienfuegos era muy bonita y que estaba muy limpia. Que fueron a Viñales y que les gustó el paisaje. Que no cree, ni ella ni la amiga ni los cubanos que conocieron y que conocían de antes, que cambien las cosas como todos desean. Que esperanzas no tiene casi ninguno.
Eso fue lo que me contó. Yo seguí para mi oficina y no logré concentrarme en el trabajo por el cual me pagan y con el cual puedo comprar una Coca-Cola en La Locomotora de Europa pagando por ella menos de una milésima de lo que gano mensualmente, en un puesto que bien pudiera desempeñar cualquiera de mis colegas que aun viven en Cuba, muy pocos ya, por cierto...
[Veré como convenzo a la alemana para que me preste algunas de las fotos que tiró en Cuba. Ya me las enseñó. Hay algunas muy buenas]