miércoles, 4 de febrero de 2009

Cría cuervos y...

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Por estos días, dos minutos de más de espera en el frío invierno se sienten de verdad. Yo creo que por eso es tan puntual y variado el sistema de transporte Alemán. Así, tengo diferentes vías para llegar al trabajo (o a la casa) de las cuales aprovecho la más larga cuando quiero leer más tiempo y, la más corta, cuando necesito llegar más rápido. La diferencia entre una y otra no es mucha: se trata sólo de 6 minutos. ¡Pero 6 minutos más leyendo son algunas páginas que se adelantan y, si el libro lo merece, vale la pena!

Este martes llegué temprano a la parada de la guagua que me lleva hasta el trabajo por la ruta más larga. Ese tramo entre el metro (U-Bahn) y mi detino final representan 10 minutos de lectura continua y es por eso que, cuando puedo, lo aprovecho.

Pues estaba yo en la parada y, de pronto, siento que tocan con los nudillos en el cristal trasero de la parada. Miro hacia atrás: nadie. Sigo leyendo mi libro. Pasan unos segundos y vuelven a tocar. Ah... están jugando a los escondidos conmigo... ¿quién será? Vuelvo a mirar: nadie. Me pego entonces al cristal y miro en todas direcciones: ni un alma por todo aquello. Vuelven a tocar y esta vez me doy cuenta de que el sonido llega del techo.


Una rama, pensé. Pero el sonido se repitió y ya entonces me llené de curiosidad... Cerré mi libro, del cual por poco se me desmarca la página por la que iba, y lo guardé en la cartera.


Baja volando un cuervo y se posa a escasos metros de distancia, a comer algo del piso. ¡Ah, eras tú! No, no era él. Ese siguió comiendo y el ruido en el techo de la parada siguió también. ¡Tengo mi camarita, qué suerte! Y la saco y camino detrás del cuervo que estaba en la acera y lo retrato. ¡Qué gordo y grande! A mí, acostumbrada como estoy a los gorriones y a dos o tres maltrechas palomas, me resultan enormes éstos cuervos. Y el pico, grandísimo también, y durísimo, como me lo confirmó el que estaba aún picoteando ramitas en el techo.


Quédate tranquilito... espérate, no te me vayas... Pero después sale volando y se posa en el árbol más cercano, el que regala ramitas que caen en el techo de la parada donde pican los cuervos.


Así que, mi consejo: No, no los críes. Cría cuervos y... no te dejarán leer el libro de turno.
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