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miércoles, 3 de junio de 2009

El Foro Romano (I): Ese montón de piedras es una maravilla

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Vamos a italeanear un poco en este post... Llevo días, o mejor dicho, meses ya, dejando de lado al resto de las fotos que hice durante mi visita de 4 días a Roma a principios del mes de marzo. Hoy les quiero enseñar algunas del maravilloso Foro Romano, sin dudas una de las atracciones turísticas más bellas del mundo entero. Me encantaron esas piedas y columnas caídas y en pie, con historia pura metiéndosele a una por los ojos, literalmente...

El Foro Romano era el centro de vida civil y económica de Roma en la época republicana. Fue la sede de instituciones, teatros, templos y monumentos dedicados a los triunfadores de las guerras. Para llegar hasta allí hay que bajarse en la estación Colosseo del Metro en la línea B. Está abierto hasta las 5:00 pm y la entrada es gratis.

Comienzo entonces por lo que más me impresionó de todo el Foro Romano: lo único que queda en pie del Templo de Cástor y Pólux. Es indescriptible lo que sentí al estar parada allí, caminando por entre esas ruinas tan antiguas, seductoras... El Templo de los Gemelos, también llamado así, se comenzó a construir en el año 484 a.C.


Los siguientes son el Templo de Saturno (en las dos fotos) y el Templo de Vespasiano y Tito (a la derecha en la primera). O en otras palabras: lo que queda de ellos. El Templo de Saturno fue erigido por el Cónsul Tito Larcio por el año 498 a.C. Allí se guardaban los estandartes de las legiones, los tesoros y los documentos del Senado. El Templo de Vespasiano y Tito fue construido unos 500 años más tarde, en el año 94, por Domiciano, hijo de Vespasiano y sobrino de Tito.


Sigo con una vista superior de la Casa de las Vestales, jóvenes vírgenes que eran escogidas de entre las más bellas hijas patricias (de familias nobles), cuya "principal labor consistía en guardar el fuego sagrado en el Templo de Vesta, una tarea primordial en la antigua Roma". La que sigue a la Casa de las Vestales es una foto de las ruinas del Templo de Vesta.


Los restos que pueden ver delante en la foto que sigue pertenecen a la Basílica Julia. En ese lugar se llegaron a realizar varias audiencias judiciales a la vez. Fue encargada por Julio César en la primera mitad del siglo 1 a.C.


Y termino por hoy con fotos del Templo de Antonino y Faustina, comenzado a construirse en el año 141. Es el mejor conservado de todo el Foro Romano:


Bueno, les voy a ser sincera: caminar por la Vía Sacra, la calle principal del Foro Romano, con un coche de niños y dos de ellos encima, sorteando piedras y adoquines fenomenales, fue tarea mitológica, para qué les voy a escribir otra cosa. Los que por poco terminamos con una sacrolumbagia fuimos los padres. Pero, oigan, ¡qué montones de piedras tan maravillosas!
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jueves, 16 de abril de 2009

He llorado como una guanaja ante la tumba del Papa Juan Pablo II

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"Ha llorado... como una guanaja". Así decimos en Cuba cuando alguna persona llora a moco tendido por algo aparentemente sin importancia. Supongo viene el refrán del mismo físico de los guanajos (pavos) y cómo cuelgan de su cara y pico los famosos "mocos". El símil no se aplica 100% a mi caso pero algo más o menos así me sucedió cuando visité la tumba del Papa Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, a principios de marzo de este año. Ya les conté aquí en el blog sobre mis impresiones de la Plaza de San Pedro en dos posts anteriores (I y II) y pienso también hacerlo con las fotos que hice en el interior de la monumental iglesia, pero vayamos por partes.

No es que sea una llorona, pero la vez anterior fue cuando tuve delante mío, a menos de un metro de distancia, a la Mona Lisa, en el mismísimo Louvre. No sé qué me pasó... el corazón se soltó a correr en el momento que cruzaba el umbral de la sala donde estaba expuesta. Mi papá y mi esposo iban delante, yo me quedé algo atrás porque ya las mandíbulas me dolían de apretarlas y los ojos los tenía que no me dejaban ver. Y temblaba. Eso fue a principios de diciembre del 2005. Fue un viaje relámpago que sacamos con tan solo una semana de antelación para darle la sorpresa a mi papá. Dos días en París. Él acababa de llegar de Cuba, primera vez que podía visitarnos alguien de la familia. Yo tenía 5 meses de embarazo de la niña pero no lo sentí para nada durante las tantas horas de viaje en ómnibus. La emoción de poder ver la Mona Lisa con mis propios ojos evaporó todo lo demás...

La estación del Metro A de Roma más cercana a la Basílica de San Pedro es Ottaviano - San Pietro. Al salir a la superficie hay que caminar unas 3 cuadras por la Vía Ottaviano hasta llegar a una pequeña plaza (Piazza del Risorgimento) en la que hay que tener cuidado con los autos al cruzar la calle. Si no hay semáforo, Ud. cruce que los autos tienen que parar. Bueno, deben parar. Lo que quiero decir es que Ud. debe tomar la iniciativa e ir atento a los vehículos que se aproximan.

La foto siguiente la hice en esa plaza desde la que se puede ver el muro que rodea a la Ciudad del Vaticano. Hacia la derecha en esa esquina queda el Museo del Vaticano. Hacia la izquierda, la Plaza de San Pedro y la Basílica. Fíjense cuánta gente... los mismos que salieron del metro. Así que Ud. no tiene pérdida si no lleva un mapa en la mano: siga a la multitud.


Como también les conté, ese día estaba lloviendo muchísimo. A nosotros nos resultó difícil guiar el coche con los dos niños, aguantar las sombrillas y, además, tener a tiro la cámara fotográfica.


La columnata de la Plaza de San Pedro nos dió cobijo durante un rato. Así y todo, debajo del aguacerazo había muchas personas haciendo la cola para entrar a la Basílica.


Cuando aflojó un poco nosotros también la hicimos. Demoraba algo porque había que pasar todas las pertenencias por cámaras con rayos X, las mismas que hay en los aeropuertos. Allí le dijeron a mi esposo que no podía entrar su cuchilla suiza multifunción. Mira que intentó convencer al policía pero no, él dijo que no se podía hacer cargo, que si quería la podía dejar detrás de una columna o en otro lugar y recogerla a la salida. Reímos, claro. A otro con ese cuento. Dejamos la cuchilla y seguimos, lamentando de antemano la pérdida del primer regalo que le hice a mi esposo cuando vino para Alemania. Pero bueno, la impresionante fachada ya no quedaba tan lejos...


Justo a la derecha de la Basílica, vista de frente, por fuera, están el guardarropas y los baños, muy limpios, por cierto. Allí tuvimos que dejar el coche porque a la iglesia no puede entrarse con él. Tampoco se puede entrar ligeritos de ropa. Le advierto: no se le ocurra aparecerse por allí en shorts, camisetas o chancletas porque no lo van a dejar entrar.



Lo primero que hicimos entonces, después de subir la pequeña escalinata que da acceso a la entrada principal de la Basílica, fue entrar por su derecha...



...pero no a su interior inmediatamente sino a un patio a un costado. Por ahí se accede a la cúpula (descartado con el chiquillo en brazos y los innumerables escalones que nos esperaban) y a las grutas sacras donde se encuentran las tumbas de los Papas (por éstas nos decidimos).


Caminamos por unos estrechos pasillos adornados con frescos, lápidas y algunos sarcófagos de mármol preciosos. Allí, por ejemplo, está la tumba del Papa Paulo II (del 1480).


También por esa cripta subterránea se accede a la tumba de San Pedro pero para ello hay que solicitar un permiso con 20 días de antelación como mínimo.


De pronto mi esposo me da un codazo: no se podían hacer fotos. Yo apagué la cámara y la dejé colgada a mi cuello. Unos pasos más y ya a partir de ahí ni siquiera a escondidas se me ocurrió encender de nuevo la camarita. A la derecha estaba la tumba del Papa Juan Pablo II, la más bella, con flores de metal trabajadas con el mayor cuidado y arte. Una malanga había en una maceta pegada a la pared; otra planta similar en el otro extremo; algunas velas en preciosos candelabros. En el mismo pasillo pero a la izquierda, personas de pie de frente a la tumba, monjas arrodilladas, visitantes persignándose. Absoluto silencio. Unas 20 personas, calculo. Otras, caminando por el estrecho espacio entre la tumba y los fieles y curiosos, como nosotros. Yo tenía al niño cargado y las mandíbulas, otra vez, apretadas bien fuerte. Que se me salieran algunas lágrimas no me delataría: aún teníamos las caras húmedas por la lluvia. Un hombre me miró complaciente y comprendió mi emoción. Me quedé allí unos minutos, parada, mirando cada detalle, pensando en tantas cosas... No sé rezar, no sé ni persignarme, pero sí percibí lo sagrado del lugar y le dediqué todo mi respeto.

Mi esposo estaba con la niña unos metros más alante, subiendo unas escaleritas que daban a la sala principal de la Basílica, pero aquí hago un paréntesis y dejo los cuentos y las fotos para otros posts.

Al irnos de allí, unas dos horas más tarde, a donde primero quiso ir mi esposo fue a donde estaba el policía que nos revisó al pasar los rayos X. De él no nos acordábamos pero yo sí de la columna a qué altura de la columnata estaba. Y, sorpresa, ¡allí estaba la cuchilla!

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jueves, 2 de abril de 2009

Adivine Ud.

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¿Qué fue lo que me comí en Roma cuando estuve por allá? ¿Alguna idea? (no digan nada los italianos...)

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miércoles, 1 de abril de 2009

La Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano

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Sigo paseando por Roma, ahora virtualmente pero recordando los intensos días a principios de marzo en que pude caminar por sus calles... Hoy les quiero mostrar otras fotos de la Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. Ya conocen algunas de posts anteriores cuando les comentaba sobre la rosa de los vientos que hay en medio de la plaza y sobre fotos mojadas, digo, donde el elemento agua predomina. Por cierto, el agua de los bebederos sí se puede beber sin problemas.

La Plaza de San Pedro fue proyectada por Bernini entre los años 1656 y 1657. Esta es la vista desde la misma Basílica de San Pedro, cuando salí del interior de la monumental iglesia.


Si nos acercamos un poco podemos ver algunas vallas de las que se emplean para delimitar espacios durante los actos religiosos que se celebran allí. Vista la Basílica de frente, a la derecha también hay separadores como éstos que organizan las colas de personas para entrar a la misma. Nosotros hicimos una cola bastante grande debajo de un aguacero tremendo pero a paso lento se adelantaba relativamente rápido.


En el medio de la plaza hay un obelisco egipcio que fue traído a Roma por el Emperador Calígula en el año 37 antes de Cristo. La ubicación inicial del mismo fue un circo romano que estaba situado cerca de la actual Sacristía. Fue en el año 1586 que el Papa Sixto V ordenara trasladarlo al centro de la Plaza de San Pedro.


El obelisco tiene 25 metros de altura y pesa 327 toneladas. Lo mandó a erigir el faraón Amenemhat II, tercero de la dinastía XII de Egipto, quien gobernara unos 35 años, desde 1929 a.C. hasta 1895 a.C. Leo también en Wikipedia que los obeliscos se tallaban en un solo bloque de piedra y que simbolizaban rayos de Sol y la estabilidad y la fuerza creadora del dios solar Ra. Además, que la mayoría de ellos procede de las canteras de granito de Asuán (una visita a Asuán es otro de mis sueños que espero algún día poder realizar) y que muchos fueron llevados a la ciudad de Roma, donde actualmente hay más que los que quedan en todo Egipto. Jijijiji, recordé ahora cuando era una niña y nos gritábamos a veces "¡Soruyo, soruyo, suelta lo que no es tuyo!". Por cierto, ¿"Soruyo" se escribe con "y" o con "ll"? ¿Y se trata de un nombre propio o de un adjetivo, nombrete o qué? Estoy en China...


En forma elíptica alrededor del obelisco se encuentra la famosa columnata. Se trata de dos pasajes de columnas de 16 metros de altura y que suman 284 en total.


Vistas desde la Basílica simbolizan el abrazo de acogida a los visitantes al templo religioso. Bajo ellas nos resguardamos de la lluvia momentos antes de hacer la cola para entrar a la Basílica.


En lo alto están ubicadas 140 estatuas de santos de diversas épocas y lugares. Fueron esculpidas por colaboradores de Bernini y cada una corona a la columna correspondiente más pegada a la Plaza.


La preciosa fachada de la Basílica de San Pedro fue diseñada por Carlo Maderno y se construyó entre los año 1608 y 1614. Mide 116 metros de ancho y 53 de alto y también tiene estatuas en su parte superior. Esta vez las de Cristo (al centro) y los 12 apóstoles, exactamente del doble del tamaño que las esculturas de la columnata.


No sé cómo explicarlo pero el sólo hecho de estar parada en esa plaza me emocionó muchísimo los casi 60 minutos que estuvimos caminando por ella. Hacía un aire tremendo y a ratos lloviznaba otra vez, pero la experiencia fue y será inolvidable.


Y esta última foto la tomé prestada de Wikipedia. La elipse cuyo centro es el obelisco tiene 196 metros de ancho y 148 de largo. Impresionante la vista desde la cúpula, ¿verdad?

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martes, 31 de marzo de 2009

Agua en la Plaza de San Pedro

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Uno de los lugares que más me impresionó cuando visité Roma a principios de marzo de este año fue la Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. Es única. Preciosa. Arquitectónicamente, no tiene igual. Todavía me parece mentira haber estado allí...

San Pedro nos recibió con señor aguacero y yo imaginé por segundos que era agua bendita la que corría por mi cara, por mi cabello, por mi ropa, la que empapó mis zapatos...

Aquí les traigo unas fotos "antes de" y "después de", todas con el tema Agua en la Plaza de San Pedro.

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viernes, 27 de marzo de 2009

La Casa de Goethe en Roma

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Muy cerca de la Plaza del Popolo, justamente en la Vía del Corso Nr. 18, se encuentra la Casa de Goethe. Johann Wolfgang von Goethe (Fráncfort del Meno, 28 de agosto de 1749 – Weimar, 22 de marzo de 1832) fue el poeta más grande que ha tenido Alemania y uno de los más famosos del mundo. El autor de la célebre Fausto incursionó también en la política, en otras ramas de la literatura y en las ciencias naturales, sociales y humanas. En la casa de Vía del Corso, en Roma, vivió junto con otros artistas alemanes entre los años 1786 y 1788.


Goethe quedó encantado con la ciudad eterna (¡y yo también!) y es ésta quien le rinde homenaje desde 1997, año en que se fundara la Casa di Goethe con una exposición permanente dedicada a su vida y obra y a los viajes que hiciera por Italia. Dibujos, pinturas, esculturas, libros y muchos objetos más conforman la muestra, que comparte edificio con otras exposiciones ocasionales con temas alemanes e italianos, con una biblioteca especializada con obras de la época de Goethe y de la actualidad, así como con una gran variedad de actividades, charlas y eventos.


La casa-museo alemana, única en el mundo fuera de Alemania, está abierta de martes a domingos entre las 10:00 y las 18:00 horas. Las entradas cuestan 4 Euros pero las personas menores de 26 años y mayores de 65 pagan solamente 3.
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