Este año 2009 me siento especialmente dichosa por algunos sucesos (ya llegados y por llegar) que por siempre marcarán mi paso por este mundo. Uno de ellos ha sido la tan añorada visita a Roma y a variados de sus lugares turísticos e históricos que han dejado prufundas huellas en el mundo entero. Sobre algunos les he contado ya. Me faltan otros... Hoy quería presentarles la Plaza Navona, la más bella de las que visité durante mis cortas vacaciones a pricipio de marzo. Ya regresaré, claro, porque estoy segura de que tendré otras sorpresas.
La Plaza Navona vista desde una esquina sur, por donde entramos a la misma:
A la Plaza Navona llegamos después de haber pasado por la famosa Fuente de Trevi, por el antiquísimo Templo de Adriano y por el impresionante Panteón Romano (del que también les contaré). Cuando ya pensábamos que habíamos visitado las mejores atracciones turísticas del día, apareció la Plaza Navona para coronar el paseo. Esta foto es desde el norte, donde estuvimos sentados buen rato admirándola a ella y su entorno:
La Plaza Navona fue en la Roma Antigua el Circus Agonalis, con capacidad para 30 mil espectadores y en el que se realizaban "batallas navales". Aguántense ahora: la plaza se cerraba y se llenaba de agua para realizar esas batallas, "divertimento más para las familias de los papas, nobles y prelados que pasaban el verano en la ciudad".
En el centro de la plaza está ubicada la Fuente de los Cuatro Ríos, diseñada y esculpida por el maestro Bernini en el año 1651, con el visto bueno del Papa Inocencio X. En pocas palabras: es una fuente preciosa del corazón del barroco. La base de la fuente es una piscina elíptica en cuyo centro se encuentra una mole de mármol sobre la que se erige un obelisco.
En la fuente están representados los cuatro continentes que eran conocidos en aquella época, con monumentales estatuas alegóricas a cuatro de sus ríos, los mayores también conocidos por entonces: el Danubio por Europa, el Nilo por África, el Ganges por Asia, y el Río de la Plata por América.

Impresionantes esculturas, ¿verdad?
Ya lo comenté: también hay un obelisco en esta plaza. Se trata del Obelisco de Domiciano, de 17,6 metros de altura, mandado a hacer por el Emperador Domiciano en el siglo I.
Y detrás del obelisco pueden ver a la basílica Sant'Agnese in Agone, iglesia barroca comenzada a construirse en el año 1652 con diseño inicial de Girolamo Rainaldi.
Pero la Fuente de los Cuatro Ríos no es la única en la Plaza Navona. ¡Hay dos fuentes más! La Fuente de Neptuno, ubicada al norte, fue esculpida por Giacomo della Porta en el año 1574.
Y, en el extremo contrario de la plaza, al sur, está la Fuente del Moro, también eculpida por Giacomo della Porta dos años después.
En la plaza había músicos ocasionales, chiquillos echándoles comida a unas palomas, un par de vendedores "sin permiso para vender", turistas fotografiando, hablando, merendando en mesitas de amenos cafés y restaurantes, al sol, así como pintores, caricaturistas y artistas que vendían sus obras (o las de otros, quién sabe).
El ambiente en general: super agradable. El clima: espectacular. Los deseos de quedarnos allí: crecientes al paso de los segundos. Y los recuerdos, bueno, esos estuvieron anclados por un rato bien grande en las ferias de artesanos de la Habana, en su Plaza de la Catedral, y en mi gente de Cuba.
Ah... qué bella la Plaza Navona...