
Cuando me enteré a finales del año 2002 que en Marzo del 2003 se celebraría un evento en Playa de las Américas, Tenerife, Islas Canarias, sin pensarlo dos veces envié un trabajo relacionado con el tema del evento y mi investigación, y con la misma le dije a mi esposo "¡Tienes que venir conmigo!". Cuando bajábamos los dos por la escalerilla del avión en el aeropuerto sur de Tenerife, nos parecía mentira...
En la bella isla estuvimos dos semanas: la primera dedicada al evento y la segunda, recorriéndola intensamente en un auto, de punta acabo, según las numerosas y atractivas sugerencias de la guía turística Marco Polo que compramos antes de ir.
Nosotros, unos pelagatos, haciendo turismo con escasos recursos y muchas ganas, sin trabas para entrar en ningún lugar, con deseos de visitar, de conocer, de no despertarnos y volver a la realidad. Nosotros, con pena al regreso cuando contábamos a nuestros familiares lo fabuloso que la pasamos esos quince días, sabiendo que para ellos en Cuba era otro sueño de hadas, esta vez relatado por mi esposo y por mí. Pero la familia quiere el bien nuestro, por eso se alegró junto con nosotros.
La primera vez que fui turista, con unos 35 años en las costillas, pensé en los tantos cubanos que no podían en esos momentos, ni pueden todavía hoy, disfrutar del mundo en que viven, incluso teniendo los recursos para ello. Bueno, es que ni bloguear se puede en la Isla. Fatalismo geográfico, dirían algunos...