viernes, 24 de abril de 2009

Desde ayer soy alemana

votar

Sí, desde hace aproximadamente 20 horas soy alemana.

Ya no tengo hijos apátridas. Esa es mi mayor alegría en estos momentos. Si tuviera fuegos artificiales, los tiraba ahora mismo.

Ya no tengo que ir más a la Oficina de Extranjería. Mi segunda gran alegría. Estoy que reviento de la emoción.

Ya tengo los mismos derechos que cualquier alemán. Y los mismos deberes. Sigo luciendo físicamente como extranjera pero ya no lo soy al menos en papeles. Y en mis papeles oficiales (carnet personal, pasaporte, etc.) hasta dice "Dr." delante de mi apellido. ¡Cómo cambia el trato, mis amigos, cuando leen por estos lugares esas dos letras! Increíble...

Ya puedo ir a votar en las próximas elecciones por la Merkel o por quien me dé la gana, o no ir a votar si me parece, con la seguridad de que nadie irá a tocar a la puerta de mi casa para obligarme o para anotarme posteriormente en una "lista negra", como sucede en Cuba.

Ya puedo viajar a casi todos los países del mundo sin pasar por la vergüenza de ser apartada de la cola, mis maletas revisadas y mis documentos hojeados una y otra vez a la par de preguntas y malos ratos como ya conozco le ha sucedido a otros nacidos en Cuba, como yo, como también me ha pasado a mí.

Ya puedo entrar a y salir de este país de 82 millones de habitantes cuando lo desee, sin tener que pagar por ello por visas especiales ni permisos denigrantes y discriminatorios, como los que tiene que pedir al Gobierno Cubano cualquier coterráneo mío que quiera salir de la isla o entrar en ella.

Ya no me dirán que no puedo ir a un evento científico en un país donde los cubanos deban pedir Visa y por "sospechosos" o "bichos raros" no la reciban normalmente.

Ya puedo hacer tantas cosas que antes no podía... Para entrar a Cuba, sin embargo, necesito el pasaporte cubano, extremadamente más caro y extremadamente con menos valor que el alemán... Y allá seré tratada como "turista" cuando les convenga, y como "cubana" cuando también les convenga. El hasta cuándo nadie lo sabe...

En fin, estoy contenta porque era mi deseo acogerme a la nacionalidad de este país que me ha recibido, y muy bien desde que llegué, a mí y a mi familia. El himno nacional tengo que aprendérmelo bien, eso sí. La melodía me la sé de memoria después de tanto ver ganar a Michael Schumacher en la Fórmula 1 pero de la letra me sé sólo los dos primeros versos:

Einigkeit und Recht und Freiheit
Für das deutsche Vaterland!

(Unidad y justicia y libertad
Para la patria alemana.)
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