Que llueva no importa mucho: aún así hay quienes disfrutan de un café bajo un toldo berlinés, en la misma acera. Que haya algo de frío, tampoco: ¿para qué están los abrigos? Ahhh, pero a partir del próximo viernes seguro que cambia por completo la apreciación de gastronómicos y comensales: se ha anunciado la entrada brusca del invierno, con súbitas nevadas, tormentas severas y un temporal contundente que se avisora significará, por lo menos, un tremendo caos en el transporte local y regional.
El Instituto de Meteorología ha anunciado la repentina llegada del invierno con bombos y platillos. Se espera que en muy pocas horas la nieve acumulada alcance fácilmente los 50 centímetros. Dejar el auto estacionado será lo más prudente; mejor ver caer la nieve desde la casa y ver colorearse de blanco absoluto la hojarasca otoñal, que arriesgarse a pescar un resfriado por el bajón brusco de posiblemente más de 15 grados centígrados.
A mí la nieve me fascina (verla caer, oír el sonido cuando la piso al caminar, apretarla entre los guantes, disfrutar del blanco paisaje como si caminara por las nubes) pero el frío es el frío, señores, y el calor tropical a veces se extraña, cómo no, aunque sea sólo un poquito. Se lo digo: si viene por Berlín del viernes en adelante, venga apertrechado para el invierno que le espera. Yo le puedo prestar una bufanda.
Cafés y restaurantes en las cercanías de la estación de trenes urbanos Ostkreuz ("pelados" les queda corto...):



