
En la ventana de la casa tengo tres piedras que están a punto de ser trasladadas de lugar: el niño casi logra alcanzarlas con sus manitas, estirándolas apoyado en las puntas de los pies. El futuro de las piedras corre peligro.
La más grande la trajimos a principios del 2003 mi esposo y yo desde Tenerife, Islas Canarias. Pertenece al volcán El Teide, el pico más alto de España. El tercer mayor volcán de La Tierra desde su base, después del Mauna Loa y Mauna Kea en Hawaii, tiene una altura de 3718 metros sobre el nivel del mar y unos 7 mil metros sobre el lecho oceánico. Ya buscaré los negativos para enseñarles algunas de las fotos... preciosas todas.
La piedra que le sigue en tamaño tiene la huella de un fósil y es alemana, de las cercanías de Colonia. Nos la regaló una pareja que es amiga nuestra desde hace unos 8 años. Hace rato no los llamo por teléfono... de este fin de semana no pasa.
Y la más pequeña la trajo mi papá de España el año pasado cuando fue a visitar unos amigos que viven temporalmente allí. Es una piedra del camino al Castillo de Calatrava, una fortaleza de 46 mil metros cuadrados construida por los caballeros calatravos en los años 1213 a 1217, ubicada a pocos kilómetros de la ciudad de Almagro, en la provincia española de Ciudad Real.
Creo que me gustaría conservar las piedras, así que las cambiaré de lugar. ¿Hacia dónde? Uff, ahí sí que me la pusieron en China...