sábado, 3 de mayo de 2008

Historias de Tania - Capítulo XI

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(XI)

–Oigo.

–Buenos días, yo quisiera hablar con Tania, por favor.

–Soy yo, ¿quién es, La Rosa?

–¡Tania! Yo misma, no te conocí la voz.

–¿Cómo estás, La Rosa?

–Bien. No pudiera estar mejor para como anda el país... ¿y tú?

–Bueno... este... ahí... normal.

–Ah, eso suena raro. Dime una cosa, Tania, ¿vas a estar en tu casa un rato?

–Sí, no tengo planes para hoy.

–Es que estoy cerca, aquí en la Ward. Vine a comprar helados pero no hay, así que me di el viaje por gusto. Recordé que me comentaste que vivías cerca.

–Sí, ¡cómo no! La Rosa, de la Ward a mi casa son menos de quince minutos caminando.

–Bah, qué dices, Tania, yo me paro en el semáforo de la esquina y pido botella. Que no se diga, cualquiera que pare ahí sigue por Santa Catalina. Pero dime el lugar exacto, por favor.

Tania le indicó a La Rosa cómo llegar. No pasaron ni cinco minutos. El timbre de la puerta sonó dos veces cortas.

–La Rosa, ¿pero viniste volando o qué? –preguntó Tania visiblemente sorprendida.

–Pues “o qué”, porque volando no vine –rió La Rosa y saludó a su amiga–. Te lo dije, nada más colgar el teléfono y cruzar la calle, pedí botella al que estaba en la esquina y me dijo que sí. No caminé ni diez metros hasta tu puerta. Me dejó aquí mismo.

–Eso sí que es tener buena suerte...

–No solo eso, Tania, hay que saber pedir botella. No a todo el mundo tienes por qué preguntarle.

–Pero bueno, pasa, que no vamos a quedarnos aquí afuera, ¿no? –dijo Tania entrando a la casa. La Rosa la siguió–. ¿Quieres que te confiese algo? Me sonó tan raro que dijeras “por favor” cuando hablamos por teléfono...

–No eres la primera que se asombra. Nuestro país ha perdido la buena educación. Palabras como “por favor” o “gracias” son cada vez más difíciles de pronunciar. La gente las va usando cada vez con menos frecuencia. Cuando más, modulan la voz como si eso fuera suficiente, pero “gracias” dicen muy pocos. Y “por favor” ya ni se oye. Pero no lo digo por ti, no te apenes. También eres víctima de la socialización de las normas de educación, igual que lo fui yo hasta que estuve en Panamá dos semanas.

–¿Y tú fuiste a Panamá? –se asombró Tania.

–Sí, por el trabajo, hace unos cuatro años.

–¿Y no te quedaste?

–Eso preguntan todos... No, no me gustó el lugar donde estuve. Yo sabía que podía aspirar a algo mejor y no quise quedarme por quedarme.

–La Rosa, algunos de mis amigos quisieran estar en tu lugar. Con un pie afuera ya cambia todo. Lo difícil es poner ese pie afuera.

–Sí, lo sé. Quizá ahora lo pensara mejor... no creas que no me arrepiento a veces... y es que esto aquí ha empeorado tanto que cada vez veo más difícil que mejore... Ni qué decirte de mi profesión: aquí no tiene futuro. Leyendo revistas atrasadas o asistiendo a eventos locales de poca monta no se camina mucho en Física. Y el desarrollo exige desarrollo, también profesional. Aquí, ni lo uno ni lo otro –suspiró La Rosa.

–Y cuando Panamá, ¿por qué no aprovechaste y te fuiste a otro lugar?

–Lo pensé, pero estaba segura de que no sería la última vez. En aquella oportunidad, además, estaba recién graduada y nos metieron miedo con retirarnos el título universitario si no cumplíamos nuestro servicio social. Y eso yo lo quería tener seguro de mi parte. Sin título en un país extraño tenía que empezar de cero, sin nadie que me ayudara, y de puta me negué siempre, y me niego, a salir adelante.

–Y ya han pasado cuatro años, La Rosa...

–Sí, cuatro ya... Pero bueno, vine a proponerte algo que seguro no dejarás pasar por alto.

Esta era la segunda propuesta que le hacían a Tania en menos de 3 horas. Sentía curiosidad por la que le haría La Rosa.

–Tú dirás...

–Te traje dos huevos pero no son para comer.

–¿Ah, no? ¿Y para qué entonces? –sonrió intrigada Tania.

–Vamos a pasar tú y yo por casa de Mano Larga, como le pusiste tú al descarado ese, y se los vamos a tirar por el medio de su puerta. Confía en mi brazo al menos, yo jugué de pitcher en un equipito de pelota una vez.

–¿Tú estás loca? ¿Y si nos ve? Además, La Rosa, a veces no tenemos ni un huevo para comer... ¡¿cómo voy a tirarlo así como así?! ¡Mi tía me mata!

–Por eso los traje yo, como regalo. Por cierto, bautizados con una jeringuilla con orine, así que aunque quieras no podrás comértelo. Te aseguro que no huelen nada bien...

–¡Pero La Rosa!

–No se merece menos el tipo ese. Estoy segura de que te sentirás mejor después que le ensucies la puerta de su casa.

–Se te olvida que la mujer nos dejó hablar por teléfono... No podría dormir tranquila después.

–No, no se me olvida, Tania, por eso los huevos irán acompañados de un papel con un par de insultos y algo de chantaje. Te aseguro que a Mano Larga no le va a gustar que su mujer lo lea. Y lo vamos a vigilar, para tirarlos cuando la mujer haya salido. Él tendrá que limpiar antes de que ella regrese.

–¿Y tú crees que lo haga?

–Déjame a mí el texto, Tania, yo me encargo. Estoy segura de que hasta pinta después la pared, si lo dejan...

–De todas formas, La Rosa, a mí la tiradera de huevos me trae malos recuerdos... A la casa de mi tía le tiraron cuando el Mariel. Ni porque ella se quedó respetaron a la familia. Yo era una niña pero no se me olvida, tampoco el terror de entrar a esta casa después, a la que veníamos de visita con frecuencia. Mi tía preferida... mis padres me dijeron horrores de ella y de su familia. Me arrancaron los juegos, los buenos ratos con esa noble mujer, manipularon el pasado y me alejaron de aquí. Pasé años sin hablar con mi tía Mari. Crecí lejos de ella y de buena gana le hubiera pedido consejos cuando tuve mi primera menstruación, o cuando me enamoré del flacucho de mi grupo y me dio hasta fiebre, o cuando suspendí la primera prueba de mi vida. Ella me entendía muy bien, yo lo noté desde que era una bebita. Me separaron de ella así como así... por los dichosos huevos...

–No fue por los huevos, Tania, no fue por ellos. Rompe con ese pasado y tíraselos tú ahora al descarado ese. Traje dos, uno para ti y el otro para mí. Mano Larga no me hizo nada pero yo te apoyo completamente. También me hará bien.

Tania pensó durante dos minutos. Tenía la vista perdida entre las rejas de la ventana por las que otrora corrieran yemas y claras con pedacitos de cáscara.

–Está bien, La Rosa, déjame vestirme.
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4 comentarios:

Yo soy Medea dijo...

Puies tremenda intriga, Agui, y cuando sigue esto/... esta bien hecho y con una dosis de maldad justa y necesaria...

Aguaya Berlín dijo...

Qué tal, Mede!
Pero si acabo de ponerlo en el blog y ya lo leíste!!! :)
Mi meta era una historia por semana, o mejor dicho, cada semana seguir la trama con algún pedacito pero me he desordenado un poco ;)
Ya la tengo esbozada hasta el final, vamos a ver qué sale de ahí........
Oye, te lo digo: las mejores historias son las que se escriben en el metro!! :) :)

Yo soy Medea dijo...

Agui, veo que tienes un enfoque sistemico hasta para crear las historias... son cosas que se obtienen dada la profesion. Me refiero a tener siempre un if then else ... o sea que para el dia 7 debes postear la continuacion... oye que no te estoy agitando!!!!

Aguaya Berlín dijo...

jejejeje
if-then-else
while-do
repeat-until

La próxima la tengo en la cartera. De hecho ésta del post la tenía hace rato pero entre una noticia y otra se fue aplazando y aplazando...
Saludos, Mede!!