lunes, 19 de mayo de 2008

Historias de Tania - Capítulo XII

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(XII)


La Rosa no tuvo que insistir mucho para convencer a Tania y ésta no lo pensó dos veces para vestirse y acompañar a su nueva amiga a tirar los huevos. Ese pequeño acto de rebeldía planificada la entusiasmó lo suficiente como para no dejar pasar la oportunidad de vengarse de Mano Larga.

–Ahora déjame a mí enseñarte cómo pido botellas; vamos para el semáforo de la esquina y verás –le dijo orgullosa Tania a La Rosa mientras se acomodaba su carterita de siempre en el hombro derecho.

–Nada de eso. Nos vamos en el carro de mi amigo; nos espera afuera –dijo La Rosa cogiendo a Tania por el antebrazo.

–¿Y cómo se enteró de que estabas aquí? ¿También eres telépata? –rió Tania.

–Es que te dije una pequeña mentira... ya yo venía con él. Le hice el cuento tuyo y me dijo que nos llevaba hasta la casa de Mano Larga. Nos esperará afuera. Después nos alejará de allí lo más pronto posible, huevos tirados previamente, por supuesto.

–¡Ay, qué pena! ¿Le contaste lo que me pasó? Qué pena...

–Sí, y fue él mismo el de la idea de los huevos. Es una bella persona. Lo conocí en lo del modelaje.

–¿Es modelo?

–Sí, y muy bien parecido, deja que lo veas.

–Está bien. Ve tú delante que mi tía está al llegar y quiero dejarle una nota aquí en la mesita.

En ese preciso momento daba vueltas la llave de Mari en la oxidada cerradura de la puerta.

–Tía, ¡pero qué a tiempo has llegado! Esta es La Rosa, una amiga mía. Voy a salir con ella un rato. ¿Conseguiste el azúcar?

–Qué tal, ¿La Rosa? –saludó la tía Mari.

–Sí, así me dicen. Es un gusto, tía Mari. Tania me ha hablado muy bien de usted y quisiera visitarla en otra oportunidad para conocerla mejor. Es que ya nos íbamos...

–Puedes venir cuando quieras. Si eres amiga de mi sobrina, ésta es tu casa –dijo la tía Mari con una de esas miradas maternales que solía dedicarle a menudo a su sobrina–. Y si quieres, mañana mismo, porque conseguí el azúcar prieta, ay, Tania, ¡las vueltas que he dado! Pero ese dulce de fruta bomba lo merece.

–Claro, La Rosa, ven mañana. Yo estaré aquí; por suerte es domingo. No tienes que avisar, ven cuando quieras.

–Muy bien, estaré aquí después del mediodía. Los domingos aprovecho desde temprano y leo un poco. Es mi hobby preferido y me gusta hacerlo en la cama cuando aun la calle está tranquila. Después no hay quien lea ni en una biblioteca blindada.

–Está bien, te esperaremos. Pero vámonos ya, que para luego es tarde. Tía, estaré un rato afuera pero no tengo pensado demorarme mucho. Todavía tengo un poco de sueño y no creas que se me ha olvidado que los sábados son los días de la limpieza. ¡Como se te ocurra limpiar la casa por mí, me pondré muy brava! –abrazó Tania a su tía a la vez que se despedía de ésta.

–Hasta luego, tía Mari, digo, hasta mañana –se despidió La Rosa.

–Cuídense, niñas. Adiós, mi sobrina.

Desde la acera Tania pudo comprobar que La Rosa no mentía: justo frente a la rejita del jardín estaba parqueado un Polski Fiat con un chofer que era un monumento de lindo macizo, al menos del pecho para arriba. Se le parecía a...

–Tania, sube tú primero al Polaquito –dijo La Rosa abriendo la puerta y empujando hacia adelante el espaldar de forro azul del copiloto.

Tania logró entrar al pequeño auto con algo de dificultad. Se acomodó en el asiento trasero como pudo. La Rosa devolvió el espaldar a su lugar y cerró la puerta con cuidado.

–Johnny, ésta es Tania. Tania, ¿no te dije que era muy bien parecido?

Tania se sonrojó.

–Hola, Johnny. ¿Te conozco de algún lugar?

–Claro, Tania –se adelantó La Rosa–. Es la copia cubana de Johnny Depp. ¡Igualito!

–Mi nombre verdadero es Mateo pero con estas chicas que me acompañan últimamente no tengo arreglo –se quejó Monumento–. Hola, Tania, un gusto conocerte. Ya La Rosa me contó por lo que pasaste. No tengas pena conmigo: a una amiga mía le pasó peor. Pobrecita... aun recuerdo su cara cuando me hacía el cuento... cómo lloraba...

–Tania, Johnny me hizo el cuento de su amiga anoche mientras nos cambiábamos las ropas del desfile de modas. «Qué casualidad, a una muchacha que acabo de conocer le ocurrió algo parecido». Y a Johnny se le ocurrió la idea de los huevos cuando terminé de hacerle el cuento.

–Bueno, chicas, nos vamos. Pónganse cómodas que yo tendré cuidado con los baches de la calle para que no los sientan tanto ustedes dos; ya yo estoy acostumbrado a viajar en esta lavadora en miniatura.

Monumento arrancó el carro y salió a Santa Catalina rumbo a la Ciudad Deportiva. De ahí siguió por Boyeros, por Paseo y luego dobló en la esquina de la calle 23, a la derecha. Por el camino sorteaba los baches pero realmente en vano, pues Tania ni los sintió, ensimismada y derretida como estaba robándole miradas al espejo retrovisor. ¡Qué hermoso Monumento el Johnny! La Rosa habló a ratos; un par de veces comentó los planes del jefe del grupo de modelaje para la próxima semana.
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4 comentarios:

lola dijo...

Creo que me he perdido algo, tendré que leer las historias anteriores.
Que rico el dulce de fruta bomba.;)

Aguaya Berlín dijo...

Ah, Lola, pues las historias van "solo" por la 12 !!!
:-)
Saludos desde Berlín!

Yoana dijo...

Hola Agu, hoy di con esto, no lo había visto, qué bueno está!!! Por qué no has continuado? La escena con el Violento es de película, y me parece que clasificaría dentro de lo que los estadounidenses llaman "date rape", o sea, una violación durante una cita consentida. Me hizo acordarme de una amiga mía que le pasó algo parecido, supongo que es bastante común allá, aunque se comenta poco, solo entre amigas. Bueno, espero que continúes las historias. Un beso,

Ana

Aguaya Berlín dijo...

Muchacha, pues sí, locuras mías... jajajaja

Tengo otras en la cartera (continuación) pero lo que me mata es pasar los garabatos a la compu... pero pronto viene el próximo, :-)
se me había quedado en el tintero porque habían aparecido otras cosas como el blog del evento, otros posts, etc... y había dejado de lado las historias de Tania......... pero no olvidadas!
Un beso!