jueves, 25 de septiembre de 2008

Dos testimonios post-ciclones

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Gibara después del Ike

Hoy les refiero dos testimonos de personas que sufrieron directa e indirectamente los embates de los ciclones Gustav y Ike las pasadas semanas. El primero de ellos (del 21 de septiembre) es de un amigo cubano que vive aquí en Alemania y cuya familia vive en Puerto Padre, Las Tunas:

Yo después de tanto tiempo ayer fue que pude tener contacto con mi mamá por teléfono. Dice mi mamá que el techo de su casa se lo llevó completo [el ciclón]. Está durmiendo en la cocina, en una esquinita donde ella misma puso dos planchas de zinc [...] en la cocina cayó una mata de mango y picó la cocina a la mitad. No tienen agua, no tienen corriente, muchas casas no tienen intalación todavía del teléfono ya que a muchas les cayó matas arriba y desconectaron la línea telefónica. En casa de mi mamá lo único que funciona todavía es el teléfono de la casa que gracias a Dios eso fue lo único que el huracán no tumbó. Lo más triste de todo es que mi mamá vive sola, los padres murieron y los dos hermanos que tiene vive uno en Holguín y el otro en Santiago de Cuba, y la pobre [está] luchando sola. Yo solamente tengo un hermano, ese fue el que pudo ir y ayudar a mi mamá a sacar la mata de la cocina. Mi hermano está evacuado todavía ya que la casita que él tenía la tumbó [el ciclón], era de madera, ahí no quedó nada y él tiene dos hijos chiquitos y por seguridad de los hijos está evacuado todavía. A mi mamá le dijeron después del huracán que tenía que seguir evacuada ya que en el techo hay maderas que no están seguras, pero tú sabes cómo son los viejos que no escuchan consejos y en la cocina que es donde está más segura está viviendo sin poder cocinar porque la madera está toda mojada.

Una copia del segundo testimonio me llegó también por correo electrónico. El original fue publicado por el periódico Juventud Rebelde Digital (el 18 de septiembre): Lo imprescindible.

Más de dos semanas después del paso del Ike todavía es incierta la situación de muchas familias cubanas. Muchos de los que vivimos afuera hemos ayudado (o sugerido cómo ayudar) de alguna u otra manera pero ni siquiera la punta del iceberg ha sido cubierta. Algunos se debaten entre ayudar "como sea" y otros prefieren seguir esperando "a que se caiga la dictadura". Mientras, aquellos que lo han perdido todo, o casi todo, siguen pasando trabajo, ahora más, para conseguir qué comer o intentar minimizar los daños, no menos importantes, que supone una convivencia obligada en un albergue de evacuados sin las condiciones óptimas.

Mi pregunta, ¿por qué el gobierno cubano, que siempre compara al país con la situación de otros países de la región, no se compara esta vez con Haití? Allí no han rechazado ayuda humanitaria de ningún tipo, por ejemplo... La terquedad no conoce de penas ajenas. Y menos aun si no las sufre en carne propia.
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