Con el río Spree a nuestra izquierda anduvimos por todo el camino cercano a los botes y barquitos que hacen viajes por todo el río hasta que sus meandros se pierden por la ciudad.

El agua refleja a lo lejos los edificios de la otra orilla. Está bastante limpia.

Hubiéramos sacado los tickets para el paseo en lancha de no esperar visita en casa pasado el mediodía.

En el agua, muchos patos dándose banquete con las migajas que les tiran las personas. Otros, peléandose entre ellos, haciendo tremenda bulla.

Pero, cosa curiosa, no hicieron caso de nuestras migajas. Las tirábamos y quedaban allí mismo donde caían. ¿Qué les pasa a estos patos?

Los cisnes tampoco nos hicieron mucho caso...

...pero terminaron acercándose.

Por gusto: ya tenían la pechuga llena...

...y se fueron por donde mismo vinieron.

¡No digo yo! ¡Todo Berlín fue a echarles comida y nosotros llegamos tarde! Lo nunca visto... Los panes no los botamos: más adelante, a donde pocos llegaban caminando, había otros patos y cisnes que todavía tenían un poco de hambre. Al menos algunos se pelearon por los pedazos de pan que tiraba la niña. El niño no, él no llegaba tan lejos y se le quedaban en el murito del borde. Con los cisnes hay que cuidarse más, los picotazos son más fuertes.
Disfrutamos mucho el paseo y a mí me recordó todo el tiempo la etapa más dura del Período Especial Cubano, cuando la gente comió hasta gatos... En el trabajo me dijeron una vez que sabían como los conejos. Yo nunca comí ninguno. Dos amiguitas perdieron los suyos, o mejor dicho, un buen día no vieron más nunca a sus gatos.
Pensé entonces en un río como el Spree en la mismísima Habana. ¿Patos? ¿Cisnes? Eso es cosa de cuentos de hadas... los de verdad van a parar al caldero. Eso me hubieran dicho algunos, incluso ahora, unos 15 años después...
[Hace un año yo publicaba en este blog fotos del Edificio Poey de la Universidad de La Habana. Mi trabajo hasta el año 1999 en que vine para Alemania quedaba cerca de allí...]