Llegar no fue el problema, sino ir abriéndonos paso por entre los cientos de miles de admiradores de tan bonito espectáculo.

El cuento
Hace muchos, muchos años, cuando Berlín era una zona de pantanos, vivían en una choza dos gigantes: una niña y su tío. Él le regaló un bote para que pudiera llegar a tierra firme.

Un día se removieron mar y tierra y una parte de la ciudad quedó rodeada por un muro. La pequeña gigante y su tío quedaron separados. En Berlín fuimos muchos a ver si se encontraban por fin...
La pequeña gigante
La pequeña gigante, que mide 7 metros de alto, pesa 800 kg y es de madera, busca desde entonces a su tío. Lo más lindo que vi en ella fueron sus ojos, su sonrisa, su cara y lo real que parece. A los niños míos les encantó. Se quedaron bobitos mirándola, la niña sentada en los hombros de su papá y el chiquito parado encima del espaldar del coche, aguantado por mí.




Aquí tienen a la niña gigante en Berlín (por ahí por la avenida Unter den Linden andaba yo):
El tío gigante
El tío de la pequeña pesa más de 2 toneladas, mide 15 metros de alto y usa la talla de zapatos 237. Su pelo es de rabo de caballos y el traje con el que se sumerge en el agua es de lona de camiones.
Fue tanta su cólera después de la separación que se tiró al río y anduvo mucho tiempo por el fondo del océano buscando al géiser dormido. Cuando lo encontró, lo trajo a donde estaba el muro que se había levantado en la ciudad y lo hizo despertar, para que lo partiera en pedazos con su fuerza. Y así sucedió.
Aquí pueden ver al gigante por otra parte de Berlín, buscando a su sobrina:
Después que la pequeña gigante se alejó de donde estábamos nosotros, el lío grande fue salir. ¡Aquella masa de gente no se podía mover para ningún lado! Por suerte llevábamos el coche de los niños, donde al menos ellos no se sintieron casi aplastados, como nosotros.

La compañía Royal de Luxe radica en Nantes, ciudad natal de Julio Verne, y viene haciendo presentaciones de este tipo desde hace años ya. Los Liliputienses son los que permiten el movimiento de todas las marionetas, como el elefante del Sultán y la pequeña gigante, en Londres:
y como la pequeña gigante y el rinoceronte perdido, en Santiago de Chile:
Mientras preparo este post (noche del 3 al 4 de octubre), la pequeña gigante duerme en los brazos de su tío en la plaza donde está la Puerta de Brandeburgo. Ya se reecontraron, el muro cayó. Mañana caminarán por la ciudad, para despedirse.
Me ha gustado mucho este cuento de hadas y de verdad fue impresionante estar allí, cerquita... Me hace pensar en el momento en que las familias cubanas no tengamos más muros que nos separen. Creo que necesitaremos una legión de géiseres, y los blogs me parece que son parte de ella. ¿Qué creen ustedes?