domingo, 15 de marzo de 2009

5 días sin conexión a Internet en casa, ¡qué horror!

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Y yo que pensaba que era un clablecito roto... ¡no! El proveedor de Internet me cortó la conexión, tajantemente, y yo ajena al potaje... Si hubiera leído mis posts sobre Roma y lo entusiasmada que estaba yo contándoles a mis amigos cómo me fue por allá, me hubiera dado algunos días de gracia, o al menos me hubiera avisado de los cambios en su empresa que afectaban a todos los clientes que, como yo, disfrutábamos de un bien servicio... hasta el día 10 de marzo a las 00:00 horas.

Sin más ni más me quedé esa madrugada sin conexión y, siendo temprano para el tiempo en que acostumbro a bloguear, decidí acostarme y dejar la blogosfera y las redes sociales para el día siguiente. Temprano en la mañana tampoco había conexión y el diagnóstico primero me confirmó que mi computadora y el router no se entendían nada de nada. "Algo con algún cable", pensé yo. Y cuando regresé del trabajo ese día desarmé, armé y volví a desarmarlo todo aprentando un cablecito por aquí, un conector por allá... Sin éxito.

Al día siguiente, de nuevo para el trabajo (desde allá me escabullí todos esos días a la hora de almuerzo para publicar en mi blog) y, al regreso, me decidí a llamar a la companía telefónica a ver si el problema era de ellos. "No, con nosotros todo está bien, llame a su proveedor de Internet". Y eran éstos últimos: la empresa supuestamente avisó a todos sus clientes de la cancelación de sus servicios a partir del 10 de marzo a las 00:00 horas, y ya no ofertarían más los mismos en un futuro. Colgados de la brocha nos quedamos nosotros, sin previo aviso y sin la más mínima idea de qué estaba pasando realmente, comiéndonos las uñas sin Internet en casa, durmiendo antes de tiempo para la costumbre, atrasándonos en las noticias que solemos leer a diario, publicando en el blog "a lo Yoani": sin conexión, editando posts a ciegas para cortar y pegar donde no está permitido, sin poder responder a los comentarios ni leerlos siquiera, sin leer qué han escrito otros bloggers, tupido hasta lo último el cordón umbilical que nos mantiene vinculados al mundo informático y al mundo mismísimo... ¡qué horror!

Hoy domingo, tarde, entro y ¡Eureka, tengo conexión nuevamente! De la cita de la lápida con la que doy inicio a este post me quedo con el título, "Cloaca máxima", que me viene muy bien para enganchárselo a mi ex-proveedor de Internet. El resto lo traduje con el Google Translator y aquí tienen el resultado:

"...(Tarquinio el soberbio) inició la excavación de canales subterráneos que a través de toda el agua que gotea de la forma en que se vierte en el Tíber, y opera un maravilloso e'questa descripción que supera a todos..."

Bueh, más o menos se entiende, ¿verdad? Esa la retraté en el Forum Romano, del cual ya les mostraré fotos...
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sábado, 14 de marzo de 2009

En el corazón de la moda en Roma: Via Condotti

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Después del paseo que hicimos por Plaza de España en Roma, del que ya les conté en un post, seguimos caminando por la Via Condotti, una especie de "mírame pero no me toques" de la moda en Roma a donde van a comprar los famosos y a pasear los curiosos, como yo.


Bueno, déjenme aclararles que la moda me gusta, disfruto los shows de pasarelas, cuando logro empatarme con ellos en la tele, o las fotos de los mismos en las revistas, así como también puedo admirar a una mujer elegante y bien arreglada, o a un hombre, pues no hay que llevar puesto nada del otro mundo sino saber lucirlo con gracia y naturalidad. Hasta me metí en ese mundillo un par de años, hace ya más de 10, del cual sigo recordando muchas anécdotas con agrado. Otras con desagrado, pues la moda en Cuba, lamentablemente, tiene mucho de "conseguir" un extranjero y ese no era mi objetivo ni remotamente, sino el puro interés de arreglarme a mi gusto, vestirme elegante (o al menos como a mí me satisfacía, en primera instancia), y conocer más del tema.

Todo muy bien hasta que empecé a ganar más en pequeños shows de modas, con el grupito independiente en que estaba, que como científica en un centro de investigación, y hasta que ya se hizo insoportable compartir con muchachas muy bonitas cazando turistas de cualquier manera. No, aquello no era lo mío. Sigo pensando, sin embargo, que no hay que necesariamente usar espejuelos de fondo de botella y tener los dientes jorobados para tener éxito en la ciencia, en la escuela, o en la vida. Si hay que usarlos, pues bien, pero no porque arreglarse esté en contradicción con una carrera, del tipo que sea, téngase la edad que se tenga. Primero tiene que gustarme mi imagen ante el espejo, con espejuelos si así necesitara.

Me he ido del tema y sé que las opiniones pueden ser diversas en cuanto a qué es moda, para quiénes, qué nos quieren meter por los ojos acerca del ideal de belleza, etc., etc.... En el post de hoy quería enseñarles algunas fotos de la Via dei Condotti, donde se sitúa la crema y la nata de las compras de moda en Roma. Por ella caminamos unas 3 cuadras partiendo de la Plaza de España. Encabezan el recorrido Yves Saint Laurent y Dior en las mismas esquinas de la Plaza. De los precios ni me pregunten... pero del buen gusto, impresionante. Es más, les confieso que de tener la posibilidad, me comprara un vestido bonito de cualquiera de esos diseñadores...

Yves Saint Laurent


Dior


Gucci


Prada


Bulgari


Cartier


Damiani


Louis Vuitton


La Perla


Giorgio Armani


Valentino


Salvatore Ferragamo


Mont Blanc


Celine
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viernes, 13 de marzo de 2009

Subiendo escaleras en Roma: De la Plaza de España a la Iglesia Trinidad del Monte

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Sigo romana, digo, paseando por Roma después de haberla visitado 4 días a principios de este mes...

La Plaza de España es una de las tantas atracciones turísticas que tiene la ciudad de Roma. Para llegar hasta allí lo más aconsejable es bajarse en la estación del metro Spagna. El camino desde el metro hasta la plaza está muy bien señalizado así que no hay pérdida posible (si Ud. no tuviera a mano un mapa de la ciudad). La plaza debe su nombre a la embajada española ante la Santa Sede.


En la Plaza de España hay una hermosa fuente en forma de barco semihundido, la Fontana della Barcaccia, esculpida por los famosos Bernini, padre e hijo. La terminaron en el año 1627 y desde entonces es una de las fuentes barrocas más fotografiadas de toda la ciudad.


La escalinata, por su parte, fue construida en el año 1725 y fue inaugurada por el Papa Benedicto XIII. En total tiene 135 escalones muy cómodos de subir, pues son anchos y no muy altos. Su función primaria fue conectar la embajada española, ubicada en su base, con la Iglesia Trinità dei Monti, en su cima. Justo en el medio de la escalinata ésta es la vista hacia arriba:


...y ésta, hacia abajo:


Sorteando turistas fotógrafos, parejas románticas y abuelas creyentes logramos seguir subiendo la escalinata la niña y yo (su papá se quedó con el niño en su coche, abajo, que subir tantos escalones no era cosa de juego). Me fijé en esta placa con el nombre de las escaleras:


Unos cuantos escalones más y llegamos... La vista desde el balcón más alto es muy bonita pero la escalinata completa no puede verse. La cúpula de la Basílica de San Pedro, edificio principal del Vaticano, sobresale a lo lejos...


En la cima se encuentra la Iglesia de Trinidad del Monte, que se comenzó a construir en el año 1502 en estilo gótico.


Los dos campanarios simétricos adornan su fachada y prácticamente es imposible retratarlos a ellos solos sin tener en cuenta al Obelisco Salustiano, ubicado en el frente de la iglesia.


Ese obelisco lo erigió el Papa Pío VI en el siglo XVIII y fue la última copia que se hizo de los homónimos egipcios durante la roma imperial.


Al bajar nos reunimos con papá y bebé y comenzamos a caminar por la calle perpendicular a la Plaza, por la Via Condotti, donde los más famosos diseñadores y modistos han anclado presencia. Roma es bella y también es Moda. Pero de eso tratará el próximo post...
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jueves, 12 de marzo de 2009

Roma antigua: El Arco de Constantino y el Templo de Adriano

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Hoy les traigo algunas fotos de dos bellezas de la Roma antigua que tuve la oportunidad de admirar a pocos metros de distancia. Una de ellas está ubicada a un lado del Coliseo Romano, del que ya les conté mis experiencias en días pasados, y la otra se sitúa cerca de la Fuente de Trevi, sobre la que también escribí en un post anterior a éste. Todavía me pellizco, todavía me pellizco y no lo puedo creer...

El Arco de Constantino

El Arco de Constantino (el enlace los lleva al artículo en Wikipedia, muy detallado y completo) se alza imponente entre el Coliseo de Roma y el Forum Romano, del que ya les contaré (inolvidable, eso déjenme adelantarlo...).


Es un arco de triunfo y tiene tres puertas o arcos, el mayor de ellos de más de 11 metros de altura. Fue erigido en conmemoración a la victoria del Emperador César Flavio Constantino I, el Grande, en la batalla del Puente Milvio, en el año 312.


En la actualidad no puede pasarse por debajo, pues está rodeado de una cerca, pero en la Roma antigua era parte de la Via Triumphalis que tomaban los emperadores cuando entraban vencedores en la ciudad.



El Templo de Adriano

El Templo de Adriano (otra vez un enlace a Wikipedia pero, en comparación, algo escueto el texto) fue construído más de 150 años antes, en el 145. Lo erigió el emperador Antonino Pío en honor a su antecesor, el emperador Adriano.


Encontramos al Templo de Adriano al alejarnos caminando de la Fuente de Trevi, guiándonos por un mapa que, debo reconocerlo, destacaba magníficamente las atracciones turísticas de obligada visita con pequeños dibujos de las mismas. Y así, cuando menos lo esperábamos, ¡pum!, once columnas antiquísimas sosteniendo un dintel precioso, se nos aparecieron en el medio de la ciudad.


Lo que queda del templo son solamente las columnas del frente, que originalmente fueron 13 cubiertas de mármol. Llegó a ser una aduana del Vaticano y actualmente es utilizado el edificio como sede de la Bolsa de Valores. Nosotros veíamos gente sin cara de turistas entrando y saliendo. Seguimos de largo en busca del Panteón de Roma...


Si va a Roma, vaya con zapatos cómodos, ¡hay tanto que ver! Yo llevé los míos puestos y a mi gente de Cuba en el corazón.
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Mi moneda en la Fontana di Trevi (Fuente de Trevi)

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"¡Y en la Fuente de Trevi tira tu moneda, que eso trae suerte!", así había oído con anterioridad. Por eso la Fontana di Trevi estaba entre nuestras prioridades cuando visitamos Roma. Y no precisamente porque no tuviéramos suerte, que ya el sólo hecho de estar paseando por esa hermosa ciudad era una de las mayores que he tenido en mi vida, difícilmente superable, sino por admirar, con mis propios ojos, la belleza arquitectónica de la barrocas y famosas esculturas.

Con el mapa en la mano y seguros de estar cerca del lugar, caminamos hacia abajo por esta callecita:


Al final, un "ahhhh" de asombro, de admiración, de sorpresa, de estupefacción. Muda me quedé. La fuente es linda, es preciosa, es bella, es hermosa.


El tema central del conjunto escultórico es Domando las aguas. El dios Neptuno, con un arco de triunfo de fondo, va en una carroza en forma de concha guiada por dos tritones (o dioses de las profundidades marinas) que doman a dos caballos de mar (o hipocampos). A la derecha de Neptuno está una mujer, alegoría a la Abundancia, que vierte agua de su urna simbolizando que la ciudad de Roma tendrá prosperidad. A la izquierda está Salubridad (o Salud), y sostiene una copa de la que bebe una serpiente, simbolizando la salubridad de esa agua nueva que llega a la ciudad.


La Fuente de Trevi se terminó de construir en el año 1762. Hasta nuestros días han pasado muchísimos años pero uno de los más famosos fue en el que se filmó la siguiente escena:


Escena famosísima de la película La Dolce Vita (1960), de Federico Fellini, con Silvia (Anita Ekberg) y Marcello (Marcello Mastroianni), una escena considerada ícono en la historia de la filmografía.

Y bueno, Anita Ekberg no ha sido la única que se ha bañado en la fuente... Yo por lo menos he sido testigo:


Un paneo de izquierda a derecha, vista la fuente de frente...


No me olvidé de la moneda, claro que no. Según Wikipedia, quien arroja una moneda en la fuente volverá a Roma, quien arroja dos monedas se enamorará de una guapa romana (o romano) y quien arroja tres se casará con ella (o con él) en Roma. La mía la tiré por encima del hombro y de espaldas a la fuente, como reza la tradición, y fue una sola, ¡que ya estoy casada, eh!
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