martes, 15 de julio de 2008

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Por: Lelé Santos, columnista invitado

Las aves siempre han sido una maravilla de la naturaleza. Hay miles de especies en nuestro mundo, por cierto, muchas lamentablemente en extinción en estos tiempos, pero todas tienen sus formas y colores que las distinguen y, la mayoría, el orgullo de haber conquistado el aire. Digo la mayoría por el pobre pingüino, el guanajo (bueno, el pavo pero recuerden que les escribe un cubano de pura cepa), el avestruz y alguna que otra que ahora no recuerdo, pues llegaron tarde para la repartición de la licencia de volar y pasaron a ocupar otros cargos y funciones.


Avestruz © flick/serlunar

Y ya que hablamos a lo cubano, mejor decir los pájaros.


Pájaro carpintero © flick/JBF mx

En Cuba tenemos la suerte de tener una gran variedad de pájaros. Solo hay que ir al campo para ver unos cuantos, raros de ver en la ciudad. No hace mucho vi en Jibacoa un pájaro carpintero, muy conocido pero difícil de verlo en la realidad. El tocororo lo vi de milagro hace unos años, en Viñales.


Tocororo © flick/TmiBrighton

Mi barrio tiene algo de encanto y en estos años he visto pasar variados y lindos ejemplares, casi todos hacen escala en los tramos de patio de yerba que rodean la casa.


Zunzún © flick/Manolo Marrero

Nos visita con frecuencia un zunzún, es rapidísimo y viene por las flores. Nos da la vuelta una pareja de totíes, a comer lo que encuentren.


Gorriones © flick/Dani3D

Los omnipresentes y desenfadados gorriones, además de bijiritas, golondrinas y mirlos que pasan menos, palomas rabiches, torcazas y similares que nos desorientan la antena de TV, además de las conocidas palomas "domésticas" que por ser más lentas y grandes tienen que lucharla para evadir los tira piedras, garzas y tiñosas a lo lejos y, mágicamente, sinsontes.


Torcaza © flick/chancho en misa

De todos, incluyendo la fauna de afuera, el pájaro que prefiero es el sinsonte. De colores alternados en gris, negro y blanco, así de sencillos y aparentemente poco combinados, un tamaño sobre lo chiquito, una gran agilidad y una gran valentía para enfrentar al posible enemigo y defender lo suyo, sobresale por lo bárbaro de su canto. Hace lo que le da la gana con su voz, como Luis Miguel. El macho es el que canta y, si está callado, lo distingues porque tiene más blanco en sus alas que la hembra.


Sinsonte © flick/Zygonyx

En mi primera casa tuvimos uno. Dice mi papa, que lo recuerda mejor pues yo era chiquitico (y del mamey me chupaba la semilla...), que era blanco -será una variedad que tiene más de blanco en el plumaje- y grandísimo. Solo me acuerdo el día que se escapó; ya había aprendido a abrir con el pico el cierre de la jaula.


Sinsonte © flick/Dario Lins

En la actual casa tuvimos el segundo; lo encontré casi en la calle, escapado del nido, un día de regreso de la secundaria. Enseguida le buscamos la misma jaula del anterior. A criarlo pues. El tipo tenía su canto raro, aprendido no sé dónde, que lo mismo metía de día que de noche. La jaula estaba en la parte más concurrida y bulliciosa de la casa y él como si estuviera en Marazul un lunes por la mañana, tranquilo en lo suyo.


Sinsonte © flick/therafa

El valor más grande que tuvo, al menos lo veo así, era cuidar la casa y avisar, ¡más que los perros del momento! Por la posición de la jaula podía oír y divisar a cualquiera que se parara en la puerta de la cerca, llamara en alto o no a alguien de la casa (típicamente sonando el candado de la cerca), para avisarnos con el sonido común que hacen los sinsontes cuando se alteran, similar a un beso fuerte y rápido en la palma de la mano.


Sinsonte © flick/Lip Kee

Le pude dar comida, puesta en mi boca, varias veces a través de los alambres de la jaula. Estaba "domesticado".


Sinsonte © flick/chris.diewald

Nos veía buscando en la jaba para guardar el pan, detrás de la puerta de la cocina y a unos metros de su jaula, y se alborotaba más que el público en la Tropical con la Charanga Habanera, hasta que no le diéramos lo suyo.


Sinsonte © flick/Flávio Alvio

Un día lo soltamos dentro con todo cerrado y el pobrecito casi ni se movió. La jaula en los patios de afuera no le gustaba, era casero y gustaba de la compañía. Fue parte del núcleo familiar unos cinco años. Un día enfermó así de pronto y no pudimos hacer nada. Está enterrado en el patio trasero.


Sinsonte © flick/Flávio Alvio

Ojalá la juventud que tenemos aprenda a amar a las aves de verdad. Se pudieran hacer fogatas con tantos tira piedras que hay por ahí. Verdad que es lindo tener un pájaro cantor en la casa, bien cuidadito en su jaula, pero pensándolo bien, hoy me siento mucho mejor cuando los veo, libres, paseándose por el patio.
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