jueves, 24 de julio de 2008

La cartera

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Ya les conté en un post que a finales del 2006 nos fuimos de vacaciones a Andalucía mi esposo, la niña y yo (el niño nació a mediados del 2007). Este de hoy fue el cuento que no les hice esa vez y que me recordara Ana en su blog:

Estábamos eufóricos por lo bien que la habíamos pasado en Andalucía. Ya estábamos planificando una segunda visita... hasta minutos antes de las tres horas antes de salir para el aeropuerto a tomar el avión con destino a Berlín. Entregamos la habitación a las 12 del día en el hotel de Torremolinos, donde nos hospedamos todo el tiempo, y nos fuimos a Málaga a dar la última vuelta en el carro.

Fue entonces que en el centro comercial Málaga Plaza compramos unas revistas de chismes para mandárselas a mi mamá en algún momento, siempre se pasan de mano en mano las revistas en Español y en Berlín son muy caras en ese idioma. Aproveché y fui al baño. Colgué la cartera en la puerta, por dentro. Más tarde salí y me reuní con mi esposo y la niña para caminar un poco por Málaga. Casi una hora duró el paseo. Decidimos entrar a un restaurant para almorzar algo, pedimos, y yo le empecé a dar a la niña una compota.

Algo comentamos que me hizo recordar que mi cartera no la tenía conmigo. ¡La había dejado colgada en la puerta del baño! Para allá arranqué volando, yo sola, ¡qué semáforos ni qué señales del tránsito!, corriendo, con un nudo en la garganta porque dentro de la cartera estaban nuestros pasaportes, los pasajes, tarjetas de crédito, del banco, en fin, ¡TODOS los documentos importantes de los tres!

La puerta del baño que yo había usado estaba cerrada, había alguien adentro. Se demoraba, se demoraba, y yo oía ruidos... Pensé que estaba abriendo mi cartera, sacando las cosas que le llamaban la atención, echándolas en la suya, en fin, qué ganas tenía de que se acabara de abrir la puerta. Cuando se abrió, salió una mujer sin nada en las manos, y yo casi que la atropello para mirar la puerta... Mi cartera no estaba... Pregunté en la cafetería que estaba a la salida, en unas mesitas donde estaban sentadas algunas personas, en la boutique de al lado, en otra tiendecita... nadie sabía nada. Por último me indicó una mujer que preguntara en la dirección del centro comercial.

Así hice. Habían devuelto mi cartera en las Oficinas de Seguridad, una mujer que la encontró en el baño cuando fue a colgar la suya. Estaba intacta, con todo dentro. No cargué a la que me la entregó porque no fue ella quien la encontró y porque estaba un poco gruesa la señora... pero poco me faltó para echarme a llorar y colgármele del cuello... ¿¡Se imaginan qué rollo que se hubiera perdido!? ¿¡O que la hubieran dado por peligrosa con posible bomba dentro y que la hubieran reventado!? ¿¡O que se hubieran llevado los documentos que nos iban a hacer falta 3 horas después!? ¡Qué clase de susto pasé! ¡Sí que hay gente buena en este mundo!

Al regresar al restaurant ya mi esposo había comido su almuerzo, mal por el susto que también tenía, pero algo. Mi comida andaluza que me había hecho la boca aguas con solo mirar la carta estaba fría, y ni ánimos tenía para mandarla a calentar. La única que ni se enteró de lo sucedido fue la niña, que se entretuvo todo el tiempo tirándoles pancitos a las palomas por la ventana que teníamos cerca.
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