lunes, 14 de julio de 2008

KI.KA Sommer Tour 2008

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Este domingo nos fuimos de fiesta... con los niños. Sí, a una fiesta infantil gigante, la que organizan cada año los canales estatales de televisión ARD y ZDF con los personajes principales de su programa infantil KI.KA (que por cierto, transmite las 24 horas...).


Las presentaciones en nueve ciudades alemanas se estrenaron hoy con un show de envidia en la Plaza Washington de la Estación Central de Trenes de Berlín, programado de 10am a 5pm. Nosotros llegamos como a las 11am. Mi esposo se acercó a la tribuna con la niña hata donde pudo. Lo que sí no pudo fue cargarla en los hombros todo el tiempo. ¡Cómo pesa esa chiquilla! Yo me quedé con el niño.


Además del show central estaba llena la plaza de atracciones para niños. Una de las más codiciadas, con cola de por lo menos unos 50m, era el área para escalar.


Otras colas, sin embargo, caminaban más rápido pues los niños entraban de diez en diez. Ya no soy niña pero si volviera a serlo, habría que sacarme arrastrada de los colchones de aire gigantes. Y es que a mí siempre me gustó saltar en el de la cama de mis abuelos. Ahora mi hija lo hace en el mío...


También podían entrar los niños a una cabina de tren y convencerse desde allí si quieren ser o no maquinistas cuando sean grandes. Chu-chu-aaaaaaaaa.


Hicimos una escala en uno de los kioscos para comprar helado, o mejor dicho, lo que es el frozzen para los cubanos, espesos como los que vendían en la cafetería chiquitica que hacía esquina detrás del cine Payret en pleno corazón de la Habana. Para mí aquellos eran los mejores.


Y después hicimos otra cola pequeña, que caminaba bastante rápido, para que los niños tuvieran sus globos...


...que este hombre llenaba de aire desde el balón. Curioso: mi niña pidió el color azul y dijo que el rojo era para el niño (ella casi siempre dice que el azul es de su hermanito)


La foto que sigue tiene su historia: venía una muchacha cargando dos cajas cerradas y detrás, a unos metros, una mujer con su hijo "psssss, pssss, oiiiga, espérese!". La de las cajas se paró, a un par de metros de donde estábamos nosotros haciendo la cola para los globos. "¿Me puede dar una gorra, para el niño?". "Sí, claro", y la muchacha puso las cajas en el piso y abrió una para darle una gorra a la mujer. Ahí se acercó un niño, otro, otra niña, dos padres, otra con un coche, en fin, para no hacerles el cuento de la buena pipa, allí mismo casi que vació una caja. Nosotros ya teníamos una gorra que nos había dado otra de las organizadoras unos minutos antes.


Por aquí pasé yo sola, para hacer las fotos de las chucherías. La niña no vió que me desvié hacia esa parte...


Los niños podían jugar con elementos e implementos del circo:


Estos son los toilettes portátiles. Les pasamos por al lado y no, no olían a lo que huele un baño. ¿Cómo se las arreglan los alemanes?


En esta área podían entrar los niños y pasar un rato dibujando y jugando:


El momento cumbre fue cuando los personajes bajaron a dar autógrafos y a saludar a los niños. Este de la foto es Oli, un león:


Y estos son otros. La cabecita de mi niña está por ahí, intentando darles la mano... Ahhhh, yo me puse a pensar en lo inolvidable que hubiera sido para mí tropezarme alguna vez con Elpidio Valdés, o con las ratas del huerto de los pioneros, o con Concha, o con Matojo......


Tanto lío con los globos, la cola que hicimos, los cuidados que tuvimos para que no se fueran volando, y la niña vió uno que se le había escapado a un niño. Ahí cambió de idea y nos dijo: "¡Yo quiero soltar también el mío!". "Muchacha, no, que después ya no lo vas a poder recuperar, mira que si se te va no vamos a poder traerlo, ni tú jugar con él en la casa". "Mami, ¡yo quiero soltarlo". Y bueno, lo soltó. Estaba muerta de la risa, divirtiéndose de mala manera viendo al globo subir y subir y subir... ¡Los niños tienen cada cosas!


Después nos fuimos para la casa porque las nubes que ven en la última foto soltaron su agua como estaba programado, temprano en la tarde. En la guagua le pregunté a la niña qué era lo que más le había gustado de la fiesta y me dijo: "¡Darle la mano a los muñecos!". Fue un día bonito.
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