martes, 8 de julio de 2008

Un cubano en la India (I)

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(Lelé Santos vuelve al bate, esta vez con anécdotas de su viaje a la India)

Un cubano en la India: Primera parte
Por: Lelé Santos, columnista invitado

La India es un país fascinante, una leyenda viviente con una cultura milenaria que cautiva a todos, como también sus sitios históricos y famosos. Esa tierra es otra cosa, y nosotros los latinos nos sentimos raros cuando la visitamos, porque tenemos muy poco en común.

Al cubano cuando viaja siempre le pasan cada cosas... no conozco ninguno que no traiga una anécdota curiosa, que no nos describa con pelos y señales tal o más cual aventura que a los no viajantes nos parece inverosímil, que no nos haga un cuento, y de los buenos. Yo estuve en la India, no hace mucho, la tengo fresquita.

El viaje duró 43 horas de pegueta, entre vuelos y escalas. Monté tres aviones distintos: a Moscú, a Delhi y a Chandigarh. En Delhi choqué con un sándwich que era picante puro, si hubiera sabido lo que me esperaba entonces...


A Chandigarh, unos 200 km al norte de la capital, se le conoce como City Beauty. Tiene una arquitectura modernista y un gran interés en promover los lugares de esparcimiento, tranquilidad y admiración a la naturaleza, a la vez que no se aparta de la estética occidental.

Uno ve películas por ahí pero los jardines que yo vi en la Ciudad Bella no tienen comparación. Los que pude admirar parecían postales, detrás de los muros de las casas, los de los parterres y las rotondas y, sobre todo, el Rose Garden que, como es lógico, tiene rosas por todos los lados y de todos tipos. Aquello es un parque grande bien cuidadito, en el medio de la ciudad, con sus caminos pavimentados que se entrelazan para serpentear no sé cuantos canteros de formas irregulares, cada uno con un cartelito que decía la variedad de rosa que exponía.


A los pocos jardineros que vi en toda la ciudad no los pude sorprender en otra tarea que no fuera regando las matas, será ese el misterio de por qué eran tan lindos los jardines...

Chandigarh también tiene el Rock Garden, la misma onda que el anterior pero ideado por un ingeniero a partir de recolectar materias primas, deshechos de construcciones y pedazos de cosas. Se metió pila de años en el diseño, con muros, cascadas, parques, puentes, caminos y, especialmente, esculturas raras. Algo así como Parque Lenin con película de Indiana Jones. Un laberinto de la mitología que paseas como si fuera un museo. Un cuento de hadas.


Si lo miras en su conjunto no puedes definir a qué época pertenece o si es de este mundo, te olvidas de la calle Galiano a las dos de la tarde de un sábado o de la feria agropecuaria a fin de mes, simplemente disfrutas ese panorama, te tranquilizas y vives, entonces vuelves a la realidad cuando sientes el tic o el flash de la camarita y te dices "una cámara fotográfica digital, eso es de ahora" y terminas el recorrido. Lo de Rock es por piedra, que incluye el barro.


Pero camina por la ciudad y te darás cuenta de que no todas las calles tienen aceras o pasos para peatones, y es que sigue en construcción, con un polveeeero. También influye que la tierra es arenosa y los parterres son muy anchos (algunos de 10 metros de ancho). Al final tienes que pasarle un pañito a los zapatos todos los días; si los hubieras cogido para la microbrigada seguro se hubieran ensuciado menos.

Pon atención al cruzar la calle porque, igual que en Inglaterra, Australia, Jamaica y demás antiguas colonias inglesas, ¡el tráfico es al revés del resto del mundo! El que viene contrario viene por tu derecha. Típico de Chandigarh son sus rotondas, se estila que en las intersecciones de calles te ponen una rotonda, como la de Guanabacoa (pero con maticas lindas), más bonita que la de 5ta Avenida frente al antiguo Conney Island, y el que entra tiene la preferencia, que no es lo común en La Habana. Lo desesperante es la sincronización que tienen los carros que entran con los que ya están en la rotonda, parece que van a chocar pero no, y mira que van rápido.


Allí pasé mi primer fin de año fuera de Cuba. Todos lo disfrutamos y gritamos por los pasillos varias veces "Happy New Year!" (el Inglés era el idioma común del piquete que llegamos a formar, además de ser el idioma oficial) ante el asombro de los huéspedes y personal del hotel, que parece que no celebran esa fecha o su calendario es distinto.


Hizo frío, al menos para mí que no estoy acostumbrado, y no había calefacción en el cuarto, solo un calentador, tipo tostadora de pan, que ponía al pie de la cama para soportarlo mejor.


Lo más difícil de soportar fue la sazón y el picante en la comida. Yo pedía que no estuviera cargada en especias y mucho menos en picante, pero lo que era normal para los indios (o hindúes, da lo mismo) era inaguantable para el pobre cubano. Claro, siempre hubo sus lugares "americanos" con pollos fritos y hamburguesas, para variar, aunque la cuenta no daba para ir todos los días y la mesa buffet del hotel, picante y todo, estaba incluida en el pago. Ahora recuerdo que en los primeros días en el hotel veía muchas ardillas y urracas por los alrededores, pero con el tiempo vi menos. Na’, yo no creeeo que me hayan dado en las comidas..., no.


Son 10 horas y media de diferencia con Cuba, igual que Delhi. Marqué pila de veces el 53 para llamar pero el código era desconocido, no hay comunicación por teléfono con la isla. Solo el famoso email, con el cual escribía cuentos desde el Yahoo que se leían al otro día en Cuba mientras que de allá yo leía cuentos del día anterior.

¡Qué semanitas pasé en la Ciudad Bella! Y no fue el único lugar donde estuve en la India. Continuará, Radio Reloj...
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