miércoles, 25 de junio de 2008

En el S-Bahn berlinés

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© flick/el_krusto

Hoy, de regreso a la casa, no vine leyendo el libro de turno porque lo había terminado ya en el viaje hacia el trabajo por la mañana. Me fijé entonces en la gente, tratando de observar disimuladamente, claro.

Hasta donde alcanzaba mi vista por el largo vagón, podía ver a 14 personas de medio cuerpo o cuerpo completo desde el asiento donde yo estaba sentada. Dos de ellas conversaban bajito. Una muchacha escribía mensajes en su teléfono móvil. El que estaba sentado a mi lado oía discretamente su iPod. El resto estaba leyendo. Diez personas estaban leyendo algo, un libro, una revista, un periódico, ¡algo!

Ya una vez oí comentar a alguien lo fríos que eran los alemanes que en el metro o tren local ni conversaban entre sí, ignoraban a los demás y se metían en sus lecturas sin importarles quiénes estaban sentados a su lado. Yo no sé si realmente tenga tantas desventajas el ir leyendo en un viaje... creo que al contrario. Yo misma aprovecho y trato de leer en esos espacios; otro chance no tengo. Además, me gusta leer.
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